José Luis Rodríguez Zapatero y Josu Jon Imaz certificaron ayer su complicidad para encarar el incipiente proceso de pacificación en una reunión en el Palacio de La Moncloa de dos horas y 15 minutos, en la que ambos compartieron un optimismo prudente sobre la evolución del alto el fuego permanente de ETA y separaron nítidamente el afianzamiento de la paz de la negociación política que pueda abrirse sobre el futuro de Euskadi. Aunque no constituyó el eje de la entrevista, el Gobierno ha transmitido al PNV la imposibilidad de compartir ningún espacio de diálogo con Batasuna mientras continúe siendo un grupo ilegalizado, una condición para formar una posible mesa multipartita que ayer recalcó públicamente el Ejecutivo. Según fuentes conocedoras de las conversaciones, Zapatero e Imaz coinciden en la necesidad de demorar la constitución formal de ese foro a la espera de que la formación abertzale retorne a la normalidad del juego democrático.
El Gobierno ha insistido en que el gesto de distensión de ETA supone el inicio de un camino «largo y difícil», en el que no ofrecerá ninguna «visualización» pública con Batasuna mientras el cese de la violencia no esté plenamente verificado y el partido de Arnaldo Otegi no se reincorpore a la legalidad. El Ejecutivo no se plantea derogar la Ley de Partidos que condujo a la proscripción de la formación abertzale, cuyo objetivo es concurrir con absoluta normalidad a las elecciones municipales de dentro de un año. Así las cosas, la principal salida que se le ofrece a Batasuna es su refundación con otro nombre, acompañada de un desmarque sin ambigüedades del terrorismo. Preguntado ayer sobre la posible configuración de una mesa en Euskadi, el secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, aseguró que el Gobierno está dispuesto a «ayudar a que la política «encuentre respuestas» y ponga fin definitivamente a la violencia. Pero incidió en que esa misma política debe desarrollarse «en los márgenes del Estado de Derecho» y, por lo tanto, «entre partidos legales».
Interlocución
El PNV parte de una posición distinta: los jeltzales siguen rechazando la Ley de Partidos y la consideran un instrumento del pasado, por lo que han mantenido abiertos sus cauces de comunicación con Batasuna; lo que se traduce, en el caso del lehendakari, en la inclusión de la formación ilegalizada en todas las rondas institucionales que ha convocado, con el mismo rango que el resto de interlocutores. Los peneuvistas se han mostrado sensibles, sin embargo, a las dificultades que afronta el Gobierno en la gestión del proceso de paz y parecen dispuestos, según los medios consultados, a no presionar al Ejecutivo acelerando la constitución de la mesa multipartita en Euskadi. Ayer, Imaz sí insistió en que, en una Euskadi pacificada, se «tiene que abrir paso la política». Lo que significa, para los jeltzales, profundizar a partir de verano en los contactos discretos que mantienen ya los partidos para pactar el cuándo, el dónde, el quién y el para qué del foro de negociación, desde la convicción de que será una tarea compleja.
Esa apuesta no solapó el principal compromiso que el presidente del EBB quiso trasladar a la opinión pública antes de abandonar La Moncloa: que conviene recordar que «paz es paz» y que, por «higiene democrática», conviene desligarla de la búsqueda de acuerdos políticos, una reflexión que repitió casi en una decena de ocasiones y que aplaca las prisas manifestadas por otros dirigentes nacionalistas y del tripartito. Lo contrario, enfatizó, supondría «reconocer que la mayoría de la sociedad vasca se equivocó» hace un cuarto de siglo cuando apostó por la democracia y la institucionalización de Euskadi, en lo que cabe interpretar como un nuevo intento de marcar distancias con las tesis de la izquierda abertzale. El líder peneuvista remarcó que el reto de su generación -la de Zapatero, apostilló Moraleda- es conseguir que el cese de la violencia «se haga irreversible», y prometió que su partido jugará «con responsabilidad» para ayudar a asentar la paz. Lo hizo apelando a la trayectoria centenaria del PNV.
«Imprescindible»
El Gobierno agradeció el respaldo de los jeltzales, a los que ha concedido un trato singular, remarcando el carácter «extremadamente cordial» de la reunión, la «magnífica relación» de ambos interlocutores y lo «imprescindible» que resulta la «participación activa» de los nacionalistas en el tránsito hacia el final de la violencia. Moraleda sí pidió que no cunda «la ansiedad» y confió en encontrar la «misma generosidad» cuando llegue la hora de hablar de política, porque eso beneficiará a «las aspiraciones de todos los vascos y todos los españoles». De puertas hacia dentro, Zapatero e Imaz mostraron su voluntad de trabajar conjuntamente en la búsqueda de un nuevo consenso entre las fuerzas políticas en Euskadi.
El líder del PNV eludió aclarar qué disposición tiene su anfitrión para encarar el debate sobre el derecho a decidir. Sí quiso dejar sentado que el partido y el lehendakari abogan por acuerdos que «sean respetuosos con la voluntad de la sociedad vasca», lo que se plasma en el documento interno sobre paz y normalización, recalcó, en el doble principio de 'no imponer' y 'no impedir'. En esa línea, reiteró su compromiso de explorar un pacto «integrador» que aúne a las distintas sensibilidades del país y situó «la clave» en el acuerdo político, porque, según dijo, la Constitución tiene «perchas legales» -citó las disposiciones vinculadas a los derechos históricos- para ampararlo.
Junto a ello, Imaz incidió en La Moncloa en su mensaje comprensivo hacia el PP y en su «empeño» en que se «baje del monte» para atraerle al diálogo. Fue menos explícito sobre la flexibilización de la política penitenciaria, aunque sí recordó que el Congreso aprobó a las pocas semanas de la tregua de 1998 una resolución en ese sentido.