El Vaticano se decidió ayer a alzar la voz contra China, aun a riesgo de alterar el restablecimiento de relaciones por el que ambos estados trabajan desde hace años. La razón fue la ordenación de dos obispos, el domingo y el miércoles, sin el consentimiento del Papa, una práctica del Gobierno de Pekín destinada a consolidar una Iglesia 'paralela', que siempre ha creado roces y que parecía ya abandonada. Ante este nuevo episodio, la Santa Sede optó ayer por publicar un comunicado, de una dureza inusual, en el que notifica el «dolor» de Benedicto XVI por lo ocurrido, advierte que se trata de una «violación de la libertad religiosa» y recuerda que estas ordenaciones sin autorización conllevan la excomunión de los interesados.
El escenario que describe la nota, firmada por el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, no habla además de sacerdotes obedientes a las autoridades chinas y, por tanto, miembros destacados de la Iglesia católica 'oficial', sino de curas que habrían sido obligados a aceptar la ordenación contra su voluntad «bajo fuertes presiones y amenazas». «Varios prelados las han rechazado, pero otros no han podido hacer nada más que someterse con gran sufrimiento interior», afirma Navarro. El Vaticano teme que se produzcan nuevos casos y exige que no vuelvan a darse «actos inaceptables de violenta e inadmisible coacción», un obstáculo para restaurar las relaciones interrumpidas en 1952, tras la llegada de Mao al poder.
Oficial y clandestina
Los católicos chinos son una minoría de 12 millones, divididos entre la Iglesia oficial (cuatro millones) y la 'clandestina' o fiel a Roma (ocho). Esta peculiar situación es fruto de la decisión de Pekín, en 1957, de crear una Iglesia nacional, separada de Roma y controlada por el Gobierno. En los últimos años, en aras del entendimiento, el Papa ha reconocido casi todos los obispos 'oficiales' y los nuevos contaban con su beneplácito, porque los propios candidatos lo exigían. Este incidente parece una marcha atrás, aunque quizá sea un tanteo de China. Ajena a los mecanismos de la Iglesia católica, Pekín replicó ayer que «las críticas del Vaticano no tienen fundamento», pues las ordenaciones se han decidido «de forma democrática», y le pidió que «respete los deseos de la Iglesia católica china».