El Correo Digital
Viernes, 5 de mayo de 2006
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VIZCAYA
VIZCAYA
«No me creía que había matado a Unai»
El joven acusado de asesinar a martillazos a un amigo en Carranza el año pasado declara ante un jurado popular que actuó en defensa propia e influido por las drogas
-Fiscal: ¿Mató usted a Unai?

-«Sí, bueno, yo tengo mi versión», declaró X.S.M., el joven baracaldés de 24 años -acusado de asesinar a martillazos a un amigo el 9 de febrero de 2005 en el barrio El Suceso de Carranza-, durante el juicio con jurado popular que arrancó ayer en la Sección Primera de la Audiencia Provincial vizcaína. Vestía traje gris marengo y camisa azul, que no alteraban su aspecto juvenil.

-«Voy a empezar desde que me levanté aquel día. Me desperté tarde, a la una del mediodía, cuando me llamó por teléfono mi novia de entonces». Así comenzó el interrogatorio de la Fiscalía a X.S.M., quien confesó la autoría de los hechos, aunque alegó que actuó en defensa propia, influenciado por el consumo de cocaína, hachís y alcohol, y víctima de «episodios delirantes», en palabras del letrado de la defensa. «No me podía creer que había matado a Unai; era mi mejor amigo», admitió. Según el joven, que en aquella época se encontraba de baja por depresión en su trabajo como empleado forestal, la víctima sentía «celos» porque él había empezado a salir con una chica y «le dejaba solo». «Estábamos siempre juntos, salíamos de fiesta y nos llamábamos a diario», explicó.

Aquel día, Unai le acompañó a comprar un bocadillo de lomo con queso a una sidrería. Mientras esperaban a que el cocinero lo preparara, se fueron a un área recreativa cercana e iniciaron una discusión. Según el relato del Ministerio público, en medio de la riña, X.S.M. esgrimió una maza de cantero, roja y negra, que se mostró ayer a los once miembros del tribunal popular, y le golpeó con ella en la cabeza por la espalda. Una vez en el suelo, le arrastró y le asestó otros cuatro golpes que terminaron con su vida. El cadáver apareció con una mano metida aún en el bolsillo del vaquero. El acusado, sin embargo, negó que llevara el arma encima y, por contra, afirmó que fue Unai quien la tenía escondida en el pantalón y que se la arrebató cuando creyó que iba a atacarle.

Arrepentimiento

Después, cogió su motocicleta 'Yamaha Diversion 600', recogió el 'bocata' que había encargado y se fue hasta Trapagaran, a 30 kilómetros de distancia, a la casa de su hermano, quien llamó a la Ertzaintza. Cuando se encontró el cuerpo de Unai, ya había fallecido. «No sabía que estaba tan grave», dijo. Mientras, el fiscal, que pide 18 años de cárcel por asesinato, y la acusación particular, entre 14 y 18, sostienen que el joven estaba «cuerdo» y sobrio, la defensa argumenta que sufrió un brote psicótico, que estaba afectado por el «consumo reiterado de sustancias estupefacientes» y que hubo «arrepentimiento espontáneo».

X.S.M. aseguró ayer en la sala que el día de autos escuchó la voz de su difunto abuelo indicándole lo que tenía que hacer. La clave del juicio radicará en la imputabilidad o no del acusado. Hasta el momento, ha sido examinado por cinco forenses-psiquiatras que discrepan sobre su estado mental. «Me han sacado muchas veces de prisión, me han hecho fotos en la cabeza, llenado de cables y metido en una especie de túnel donde se oían pitidos», describió. La madre y la hermana de Unai asistieron a la primera sesión del juicio entre muestras de dolor.



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