La nueva ordenanza que impedirá la celebración de botellones en el Casco Viejo de la capital vizcaína entrará en vigor el primer fin de semana de octubre. La aplicación de la normativa, que se aprobará en el pleno municipal del próximo mes de junio, se hará «de forma progresiva». El dispositivo se iniciará en la Plaza Nueva y dos semanas después se extenderá a Miguel de Unamuno, Iturribide, Fika y Solokoetxe, cuatro de las zonas más conflictivas desde el punto de vista de la celebración de botellones.
La futura ordenanza ha sido consensuada con las asociaciones de vecinos del distrito, que ayer mismo daban su visto bueno al dispositivo «con el que se pretende plantar cara a las concentraciones masivas de jóvenes que se reúnen para beber en la calle cada fin de semana», según explicaron fuentes municipales. El área de Seguridad Ciudadana confía en poder ampliar el despliegue al resto de las calles del Casco Viejo «antes de que finalice el año».
El dispositivo que se llevará a cabo en la Plaza Nueva durante el primer fin de semana de octubre «servirá para evaluar la efectividad de las medidas» adoptadas por el Ayuntamiento de Bilbao para tratar de frenar el fenómeno del botellón. En este sentido, las actuaciones serán consensuadas «en todo momento» con los vecinos de la zona y los diferentes grupos políticos, según explicaron ayer las mismas fuentes.
Comisión informativa
La nueva ordenanza contempla a su vez la creación de un foro informativo en el que también participarán las asociaciones vecinales del Casco Viejo (Bihotzean), Solokoetxe e Iturrialde. La comisión pretende ser un «espacio abierto» en el que «todas las partes implicadas puedan aportar sus ideas y propuestas».
La celebración de botellones en el Casco Viejo es una práctica habitual desde hace años, aunque la idea de elaborar una ordenanza específica para atajar este fenómeno surgió a raíz de la macroconvocatoria organizada en el parque Etxebarria el pasado 31 de marzo. La falta de una normativa autonómica que regule el consumo de bebidas alcohólicas en la calle, ha obligado al Ayuntamiento de Bilbao a «hacer encaje de bolillos para poder encajar una ordenanza municipal que no vulnere los derechos individuales de los ciudadanos».