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Viernes, 5 de mayo de 2006
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VIZCAYA
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En la farmacia
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO Más de una vez, en esta modesta tertulia que mantengo con mis amables lectores, hemos hablado del progreso y he apuntado una teoría muy personal. Según esta disquisición, en muchos de los detalles del progreso, lo que estamos haciendo es complicar las cosas o encarecerlas al compás que nos va marcando la dichosa sociedad de consumo.

Les he puesto también los correspondientes y oportunos ejemplos como prueba de esta teoría personal, y por ello perfectamente discutible, y hoy voy a ofrecerles otra prueba que encontré en una farmacia mientras esperaba mi turno para hacer mi compra. Ustedes saben que tanto el señor García como un servidor somos más bien curiosos, tirando a fisgones, y así mientras esperaba me fije en una de los estantes expositores.

Hoy las farmacias no son como los establecimientos de antaño, donde el único ornamento que ofrecían era el de su botamen; esa estantería donde se exhiben alineados tarros con las hierbas y productos para componer las fórmulas ma-gistrales en el laboratorio de la rebotica, que hoy ha dejado de ser laboratorio para convertirse en oficina con su ordenador incluido.

Hoy las farmacias apenas hacen fórmulas magistrales. Hoy todo se vende envasado en cajitas o botes y el local aparece vistosamente lleno de expositores con los más variados productos y unos carteles en los que se pueden ver señoritas pistonudas enseñando el culo para anunciar productos contra la celulitis.

Pero he dicho que en las farmacias se venden productos envasados y quiero hacer una oportuna rectificación para que no se molesten mis amigos los boticarios (yo les llamo así como un detalle afectuoso), porque en puridad de criterio y escribiendo las cosas como mandan los cánones, las farmacias no venden nada; tan sólo lo dispensan, que es el verbo que, según el diccionario, corresponde a la venta de medicamentos.

Pero con estas disquisiciones me he apartado del tema que pensaba contarles y que se refiere al infantil, al imprescindible, al delicioso chupete. Se lo contaré mañana Deo volente. No se me vayan por favor, que la cosa tiene su gracia y su miga.



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