El Correo Digital
Sábado, 6 de mayo de 2006
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DEPORTES
ALAVÉS
Importa la salvación
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En unos días, el Alavés va a saber si continúa en Primera o baja a Segunda; que es tanto como ratificar el entusiasmo del ascenso desde la balconada de San Miguel o la tristeza de aquel otro domingo, 1 de junio del año 2003. Y ojalá que las cosas no vayan a mayores y no se ponga en evidencia la continuidad de una trayectoria gloriosa.

Me preocupa y entristece que ante estos encuentros decisivos esté alterado el hábitat albiazul. El presidente y los aficionados transmiten la sensación de que están pendientes del abucheo o de abuchear, cuando lo cierto es que tanto uno como otros, quizá por diferentes motivos, lo que desean ardorosamente es que el club permanezca en Primera. Anunciada, por lo menos así lo he deducido, la celebración de una asamblea de accionistas, que deberá aclarar todo lo que tenga que aclararse, es el momento de exigir responsabilidades.

En primer lugar, al presidente. No dudo de sus conocimientos mercantiles ni de su entusiasmo por el fútbol, pero habría sido encomiable que contratara a un técnico capacitado para que la plantilla, que no es de las peores, funcione como un equipo. Al menos, podría haber mantenido a aquel que funcionaba.

A los jugadores, para que pongan empeño y coraje y así les recordaremos con cariño, que es el pago a la buena fama del deportista. A los aficionados, para que animen, como lo hacen otras aficiones, cuyos clubes no están tampoco para tirar cohetes.

Salvemos entre todos la situación. Después será el momento de la crítica. Con el fin de reconocer los errores y no repetirlos. Comenzando por la de nuestra propia conducta: si respondimos al ofrecimiento de compra de acciones. La del presidente anterior, si fue consciente de la consecuencia de vender las acciones a un señor que ni vive en Vitoria ni desea hacerlo.

La del propio Piterman, que aunque dirija el equipo de una capital -en la que no faltan ediles que enmiendan la plana a los técnicos y señalan dónde tiene que construirse el Auditorio (al fin y al cabo tres millones de euros a la papelera, en escote obligatorio, resultan a 13 por cabeza)-, es un hombre de negocios, y se le supone que cuenta con asesores responsables y eficaces. Por esta razón, «zapatero a tus zapatos»; presidente, al palco.



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