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Sábado, 6 de mayo de 2006
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DEPORTES
Bilbao Basket
El llanto de Pedja Savovic
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Miércoles, San Mamés. Yeste aprovecha la asistencia magistral de Llorente para insuflar vida al Athletic. El equipo estalla. cada uno a su manera. Para Iraola, la mejor es desplomarse sobre el suelo, solo, dirigiendo su rabia ya incontenible contra el césped. Jueves, La Casilla. La agonía se cierra con un 85-84 que formará parte de las tertulias cuando se recuerden los hitos del Lagun Aro. Todos saltan. Txus Vidorreta aprieta los puños. Pedja Savovic explota. Sus lágrimas no tenían fin. Media hora después de acabar el partido seguía llorando.

Una mezcla de rabia, felicidad, impotencia, miedo, alivio, tensión, presión... son tantos los matices, los estados de ánimo en que puede caer un deportista -cualquier persona- en una situación crítica. La del jueves, lo fue. Angustiosa. En el día después, rememorando lo ocurrido, algunos corazones aún no encajaban en su sitio en el pecho. La pregunta era, «¿y si llega a entrar el balón de Brown?». Pregunta sin respuesta. No entró; es lo único que cuenta.

De nuevo los hombres de negro, pese a su indolencia al dejarse atrapar en el luminoso, mostraron su lado más humano. Scott, que comenzó en el banquillo, fue el primero que animó toalla en mano. Marko Banic era el hombre más feliz del mundo, casi afónico por los gritos, pese a no haber disputado ni un solo segundo. Los ataques de carácter se relativizaron por el bien común. Llorando o riendo, hubo celebración. Ojalá no haya que volver a sufrir. Tanto, no.



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