El Correo Digital
Sábado, 6 de mayo de 2006
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VIZCAYA
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El chupete
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO Tal como les prometí ayer, voy a hablarles hoy de ese progreso que tanto nos está esta facilitando la vida, pero que a veces también nos la complica siguiendo las normas que dicta la dichosa sociedad de consumo. Y como prueba de lo que acabo de escribir voy a ofrecerles el ejemplo de un objeto sencillo, popular y aparentemente sin complicaciones; me refiero al chupete infantil, ese aparatito que los bebes chupan con auténtico deleite aunque no tenga ningún sabor, que es lo más curioso del chupete.

Se me ha ocurrido ahora hablar del chupete, porque hace unos días mientras esperaba a que me atendiesen en la farmacia, llevado de mi espíritu fisgón, me entretuve en ver un expositor que exhibía una gran colección de chupetes envasados cada uno de ellos en un elegante estuche de plástico transparente.

Cogí uno de ellos por curiosidad y observé que, dentro del envase, además del chupete había un folletito que (según pude leer) contenía las instrucciones. Y entonces fue cuando exclamé ¿Atiza! y me hice esta pregunta; ¿Pero es que ahora se necesita un folleto de instrucciones para saber como hay que utilizar el chupete?

Respondiendo a esta pregunta, el amable farmacéutico me regaló un grueso folleto de una firma que fabrica utensilios para bebés y allí pude encontrar un capítulo dedicado al chupete. Así me enteré que ahora los chupetes se fabrican con una forma y unas dimensiones estudiadas minuciosamente para asegurar el mejor trabajo muscular y la mínima apertura de la boca y con una válvula de desahogo del aire para conseguir una uniforme presión sobre el paladar. ¿Toma canela Manuela!.

¿Estamos progresando o estamos complicando? Porque yo he criado cinco hijos y elegía los chupetes en un cajón, a granel, sin instrucciones, sin diseño anatómico o válvula de desahogo aéreo y ni se les estropeó el paladar, ni tuvieron complicaciones respiratorias, ni necesitaron entrenamiento para usarlo. La única complicación era cuando se perdía y no había forma humana de acallar el sonoro llanto del niño exigiendo la devolución de su inseparable chupete. Y mañana, Deo volente, les contaré una anécdota personal y muy curiosa que viví personalmente en busca de un chupete perdido. No se me vayan por favor.



Vocento