Tiempo para la alegría y la celebración. Para la alegría «indescriptible», para la celebración incontenida, para las palabras de agradecimiento y para los recuerdos. Las declaraciones a pie de cancha, en los pasillos camino del vestuario o, finalmente, en la sala de prensa, giran todas en torno a esa explosión de euforia que supuso poco después de las 21.30 horas el pitido final del partido. Los nervios quedaron abandonados ya sobre el parqué, aunque en algunos como en Alberto Suárez volvieron a aflorar delante de los micrófonos.
El ténico acudió a la sala de prensa acompañado por SegundoViguera -que se ayudaba de muletas para caminar, pero que ni por ello se libró de la ducha- y de Ramiro. Los tres ocuparon la mesa ante las cámaras. Y Suárez comenzó con los agradecimientos. «Aunque hoy se ha personificado en nosotros, esto es mérito de todos los que han pasado por aquí, por el club, a lo largo de tres años, y han creído en el proyecto». El preparador asturiano se estaba acordando de «directivos, técnicos y jugadores», algunos de los cuales «estaban hoy por aquí y son tan partícipes como nosotros».
Aparentemente más calmado que en la cancha, incluso tuvo palabras para los medios de comunicación «que nos habéis apoyado un montón incluso cuando no lo hacíamos tan bien». Y, cómo no, Suárez se refirió a la afición. Resaltó la importancia «de haber podido jugar, un día como el de hoy, ante casi cuatro mil personas». Unos millares de personas volcados desde bastantes minutos antes de que comenzara el partido y que se resistían a abandonar la grada cuando había acabado la celebración.
La ciudad lo merecía
En su respuesta a la primera pregunta de los periodistas, Suárez todavía tuvo tiempo de recordar que «hace algún tiempo, alguien me comentó que esta ciudad ya merecía tener una celebración y estamos supersatisfechos de haberlo conseguido».
Y en ese momento, en una rueda de prensa que había transcurrido en un ambiente distendido, llegó la tensión. Hubo quien bromeó, probablemente por lo extensa de la respuesta del asturiano, y éste se lo tomó a mal. «En lo personal....». Fueron sus últimas declaraciones, después no quiso seguir contestando. Sólo a media voz se le entendió que «en lo personal quería dedicárselo a mi mujer». Algo que ella ya debía de saber porque en la cancha, miró a la zona en la que se encontraba, besó su alianza y levantó el puño hacia ella.
Segundo Viguera, el presidente, que apenas había podido señalar hasta entonces que «ahora estamos disfrutando del sueño que hemos conseguido», tampoco quiso seguir en la rueda de prensa, dolido por haber podido molestar a Suárez.
A pie de cancha, Ángel Oregui, el gerente del Darien había expresado la satisfacción de la junta directiva. «Esto es un motivo de enorme alegría. Ascender así, ante 3.600 espectadores es indescriptible». E incluso admitió que «cuando empezamos hace tres años, no nos lo podíamos imaginar».
Y mientras escuchaba los cánticos de la gente en la grada, comentó que «nos han desbordado. Esto es muy grande, han roto todas las previsiones».