Hoy en día estamos casi acostumbrados a tener un mes de vacaciones en verano, Semana Santa, los puentes de los días festivos, y algún que otro día de fiesta más, además de tener libres el sábado y el domingo y de tener una jornada laboral de 40 horas, que podría verse reducida a 35 si fructiferan las diferentes negociaciones entre la patronal y los sindicatos.
Ahora bien; es bueno tener un poco de memoria histórica para saber que esto no fue siempre así, ni mucho menos. Nuestros abuelos se conformaban con bastante menos, y para darse cuenta de ello, no hay más que echar un vistazo a la página web www.egoibarra.com y visitar el archivo oral 'Eibartarren Ahotan', en el que nuestros mayores cuentan cómo transcurrían sus vidas en elsiglo XX. Cada dos semanas descubrimos cuánto han cambiado las cosas, y las vacaciones son un buen ejemplo que nos sirve para darnos cuenta de que, a pesar de todo, al fin y al cabo ahora no vivimos tan mal como a veces podamos pensar.
Arnaldo Bolunburu lo dice muy claro en uno de los pasajes de 'Eibartarren ahotan'. «La gente ahora vive mucho mejor de lo que vivíamos nosotros. Trabajan bastante menos horas, y nosotros sólo teníamos una semana de vacaciones al año». Vamos, lo que hoy en día tiene mucha gente en la época de Semana Santa. Además, la semana laboral era de 44 horas, y aún así no se quejaban porque se consiguió dignificar y humanizar bastante la jornada laboral.
Ahora bien: ¿qué se hacía durante esos esperados siete días de descanso vacacional? Ni las tecnologías, ni los medios de transporte ni, por supuesto, la economía, daban para marcharse a la República Dominicana a tomar el sol, así que la gran mayoría de eibarreses no salía de la comarca, y menos aún del País Vasco.
Así lo recuerda en la fonoteca de Ego Ibarra Cándido Eguren 'Oka Txiki'. «Recuerdo perfectamente mis primeras vacaciones. Fuimos a pasarlas a Mundaka, y regresamos a Eibar con un color de piel estupendo de tomar el sol». Eso sí, hoy en día Mundaka es un pueblo eminentemente turístico en verano, pero entonces había quien discrepaba de la visita de los 'forasteros'. «Algunos estaban a favor de que acudiera la gente de otros pueblos, porque eso hacía renacer los comercios, y daba una 'vida' especial al pueblo, pero también había quien no estaba para nada de acuerdo con eso, y se creaban verdaderas polémicas entre los propios vecinos de Mundaka».
Al caserío
Hoy en día, al que le gusta la playa se va al Mediterraneo, y el que prefiere el monte visita los Pirineos. El ejemplo de lo que ha cambiado esto también lo encontramos en la figura de Juan Gisasola, 'Juanito Txoko'. Recuerda que «la familia solía marcharse a Deba a pasar las vacaciones de verano, pero yo, cuando era niño, prefería irme al caserío de mi tío, y permanecía allí desde que terminaban las fiestas de San Juan hasta el comienzo del mes de septiembre. Me lo pasaba en grande en el monte con mi tío», recuerda con nostalgia.
Pakita Abendibar recuerda que «antes, la mayoría de la gente también trabajaba durante el mes de agosto. Muy poca gente se podía permitir marcharse de vacaciones, y los que lo hacían se iban a Deba». A veces, más nos valdría echar la vista atrás para no quejarnos tanto...