Telecinco ha retirado de la pantalla 'Tirando a dar', una comedia de producción española que en dos episodios ha protagonizado uno de los batacazos más sonados de la temporada. Hoy ya no la veremos: en su lugar tendremos repeticiones de 'Aída' y 'Cámara café' (noble gesto, por cierto, ese de hispanizar el título de este último producto). Lo más interesante de 'Tirando a dar' es los avales con que contaba: los guionistas de 'Aquí no hay quien viva', serie que puede presumir de haber tenido -al menos, en las primeras temporadas- los mejores guiones de la ficción española; un reparto de rostros muy conocidos en la televisión como Álex Angulo, Toni Acosta, Pablo Pujol o Fernando Guillén Cuervo; el cobijo de Telecinco, la cadena que mejor partido ha sabido sacar de la producción nacional. Pero todo eso se deshacía en cuanto uno veía tres minutos de serie en la pantalla y constataba la enorme artificialidad del producto, donde el escenario de una empresa de seguros -que hubiera podido ser cualquier otro escenario- soportaba con dificultad las concatenaciones de chistes demasiado tópicos y unas interpretaciones pasadas de vueltas.
¿Cómo es posible que con tantos avales se haya desembocado en un producto tan flojo? Lo que estamos viendo en los últimos años es que la producción televisiva está cada vez más sometida a la competencia, al mercado, hasta el punto de que los criterios de venta se han impuesto a los de creación. No se fabrica una historia por las cualidades que tenga en sí misma, sino que se fabrica un producto para competir. A veces eso funciona, como en 'Aquí no hay quien viva', y entonces todo son loas al mercado y a los beneficios que aporta a la creatividad artística. Pero a veces no funciona, y entonces se dice que la culpa la tiene el público, el guión, los actores o, como en el célebre álbum de Astérix, 'los jabalíes, que habrán comido cualquier porquería'; todo antes que reconocer que la culpa la tiene un sistema de producción donde el creador ya carece de cualquier espontaneidad, porque todos los detalles de su obra han de estar sometidos a las expectativas de comercialización.
¿Cuál es el resultado? Con frecuencia, productos planos como 'Tirando a dar': productos donde el repertorio de personajes, los diálogos, la ambientación y hasta el vestuario están pensados para captar publicidad y cuota de pantalla, sin que una historia razonable sustente el conjunto. Pero, si no hay historia, la gente suele desertar, porque los espectadores no piensan en esos términos comerciales, sino que buscan otras cosas. Y así el producto pensado para la venta se convierte en un producto que nadie compra. La industria televisiva española, en general, tendría que meditar un poco sobre sí misma.