Con el paso de los años, las calles peatonales comienzan a proliferar en Barakaldo. Los fábricas o áreas industriales van dejando paso a los pisos y baldosas. Es la seña de identidad de la transformación urbanística de la ciudad. Este lavado de cara provoca un aumento progresivo del número de terrazas.
Hasta 64 establecimientos hosteleros tienen este año autorización municipal para instalar mesas y sillas en la vía pública, lo que supone cerca de un 10% más que el pasado ejercicio. La tendencia al alza se remonta a la década de los 90, si bien es en los últimos años cuando más han crecido las peticiones del sector para instalar estos veladores.
Muchas de las terrazas están en áreas recientemente reformadas. Cinco corresponden a la plaza de Cruces y tres a la zona de Urban-Galindo -plaza de Desierto y nuevo Lasesarre- tal y como consta en el listado elaborado por el Ayuntamiento. La calle con más instalaciones de este tipo es, en cualquier caso, Gernikako Arbola. A lo largo de esta travesía, los viandantes pueden toparse con un total de siete emplazamientos para disfrutar de un tentempié. «Le siguen de cerca las arterias principales de Rontegi, Zaballa o las cercanías de la Herriko Plaza», precisó el director de Planificación Urbanística en el Consistorio, Pedro Jáuregui.
Con un máximo de veinte y un mínimo de dos, el número de mesas de cada terraza oscila en función de la clientela. Aunque la disponibilidad económica de los propietarios del local también influye. Dependiendo de la cantidad de mesas, cada establecimiento hostelero debe abonar desde una suma simbólica a otra más prohibitiva por la ocupación de la vía pública.
Primavera y verano
Esta primavera hay 442 mesas en las calles de Barakaldo. Se trata de una época con profusión de instalaciones de cafeterías o bares en plena trama urbana, aunque el trimestre en el que más proliferan las terrazas es el que se extiende desde junio hasta septiembre.
«El buen tiempo marca la pauta y el verano, evidentemente, es la época 'estrella'», constatan fuentes municipales. Las fiestas de El Carmen provocan un incremento en esta tendencia. Comienzan a mediados de julio y es un buen momento para atraer a la clientela. Ya en otoño, el número de veladores se reduce sensiblemente, hasta el punto de que acaban desapareciendo del paisaje urbano rápidamente en cuanto llega el frío.