Algunos padres desprevenidos se llevan un buen susto el día que su hijo se levanta con las mejillas encendidas, de un color rojo brillante, como si alguien le hubiese propinado dos certeros tortazos. Ése es el principal síntoma del eritema infeccioso, que ha valido a esta patología los sobrenombres populares de 'enfermedad del sopapo' o 'del niño abofeteado', aunque la medicina clásica, menos imaginativa, se limitó a numerarla como 'quinta enfermedad' dentro del catálogo de males típicos de la infancia. Los especialistas vizcaínos han detectado este año un incremento de casos de la infección, que en ocasiones desconcierta también a los profesores, ignorantes de su alcance y sus características.
«Se trata de una enfermedad corriente, banal, típica, que ha existido siempre y suele manifestarse a finales del invierno o principios de la primavera», puntualizan en el Servicio de Salud Escolar del Ayuntamiento de Bilbao. El eritema, provocado por un virus, es muy poco frecuente en los lactantes y en los adultos y afecta sobre todo a los pequeños de entre 2 y 10 años. «Aparece con un exantema muy típico en la cara, dos rosetones en las mejillas que dan aspecto de niño abofeteado, pero prácticamente no tiene otros síntomas: la fiebre o los dolores articulares son excepcionales», explican los especialistas.
Al colegio
Para cuando se produce el llamativo rubor, la enfermedad ya lleva incubándose unos doce días. Curiosamente, el virus sólo se contagia en ese plazo previo a la aparición del síntoma: «Cuando ya hay rojez, no se contagia en absoluto», explican los técnicos. En algunos centros educativos de Bilbao, los profesores se han alarmado al ver la cara de un alumno enfermo y lo han enviado a casa, temerosos de que la enfermedad se propagase a toda la clase. «Ha ocurrido en algún colegio, pero es ridículo, porque en ese momento ya no existe contagio. Los niños pueden seguir yendo a la escuela con toda tranquilidad». A la inversa, la transmisión de la enfermedad cuando todavía es 'invisible' ha dado lugar a pequeños brotes en algunos centros.
Las huellas del 'sopapo' del virus pueden durar sólo unos días o varias semanas. Además, la enfermedad produce manchas más pequeñas en el tronco y, en ocasiones, enrojecimiento de la garganta. No hay ningún tratamiento, así que lo único que cabe es esperar a que pase, con el consuelo de que las bofetadas de verdad se notan menos pero duelen mucho más.