DE CUANDO EN CUANDO OLMO La anécdota que prometí ayer contarles referente a un chupete la viví personalmente cierta noche, a las dos de la mañana, cuando uno de mis hijos se despertó dando gritos y no hubo forma de encontrar el chupete para apaciguar su llanto. No tuve más remedio, si queríamos dormir, que tomar una decisión drástica. Y como entonces era yo residente «cascoviejero», acudí a una farmacia cercana del Casco Viejo en busca de un chupete, y ahí comenzó todo el lío que acabó al final en un juzgado. Se lo cuento.
El farmacéutico, sin abrir la puerta de la farmacia al oir mi petición, me dijo que a esas horas no despachaba nada sin receta. Yo argumenté que a aquellas horas el chupete era para nosotros más importante que la aspirina o los somníferos, pero fue inútil: el farmacéutico se negó en redondo a abrir la puerta.
Tuve entonces que subir hasta la calle Berástegui, donde estaba la farmacia de guardia mas cercana y, un tanto cohibido, pregunté humildemente si podrían venderme un chupete y allí no tuve problemas. El farmacéutico, muy amable, (posiblemente tenía hijos y conocía el problema) me sacó un cajón de chupetes para que eligiese uno. Lo elegí, salí corriendo, llegué a mi casa, se lo puse en la boca al angelito (que seguía llorando) y santo remedio. El niño se dedicó a chupar con entusiasmo y todos pudimos recobrar el sueño.
Pero el sainete tuvo su segunda parte. A un compañero mío de 'La Gaceta del Norte' se le ocurrió publicar un comentario sobre el tema y yo lo ilustré con un dibujo en el que se veía la farmacia cerrada y al farmacéutico diciéndole desde dentro a un cliente que acudía con una pierna debajo del brazo: «Yo no atiendo a nadie sin receta».
El farmacéutico se sintió personalmente aludido por el dibujo, consideró aquello como un atentado a su honorabilidad y denunció al periódico, que no tuvo más remedio que acudir al juzgado y resolver el litigio en un acto de conciliación. Y todo por un chupete.
Pero conozco otra anécdota de chupetes que fue aún más gorda, porque llegó a movilizar a los servicios de urgencia de la Seguridad Social. Mañana se la cuento.