No nos creemos capaces de describir lo visto, sentido y vivido este viernes en la Santana 27 durante el bolo triunfal, catárquico, radicalmente punk y bestialmente folk de los Legendary Shack*Shackers. Se lo habíamos recomendado a todos y llegamos con las expectativas por el cielo, pero nos quedamos muy cortos. Al salir los músicos, avisó Carlos Boogie Punkers: «No vayas a la primera fila, que estos pegan al público». Y desde la segunda lo percibimos ya en la primera canción: ése era el mejor bolo de nuestra vida. Quien dudó y le dio pereza ir, que se jo... robe.
En el Evasión calificamos su tercer CD, 'Pandelirium' (Yep Roc-Discmedi), con cuatro estrellas de obra maestra, pero lo que gozamos en directo trascendió el R&R, el tiempo, la física... Imaginamos que esos cuatro sudistas (sí, rednecks, paletos de tomo y lomo) estaban vigorizando la música de raíz que en los 50 tocaban el Elvis Presley más sexy y el Jerry Lee Lewis más orate, sólo que la trasladaban a la adrenalina punk de Dead Kennedys (Jello Biafra es uno de sus entusiastas valedores) y a las travesuras cow-punk de un Jason Ringenberg nada inocente.
Buf, tan atómicos como el Reverend Horton Heat (los Legendarios trajeron un batería que hasta percutía cencerros con el vértigo de 'Chernobyl' Churilla) y más enloquecedores que el Tom Waits febril, los sureños sometieron el rockabilly, hicieron crujir el blues ('El Coronel' cantó a través de un micrófono de armónica), atracaron el cabaré como pistoleros de western crepuscular, no dejaron de agitarse y se las tuvieron con un espectador al que patearon desde el tablado, le torearon literalmente, etc.
Y, al de 45 minutos de energía infecciosa, les tiraron un paquete de tabaco y dos vasos de plástico. Los músicos localizaron a los culpables, les retaron, ¿y bajaron como flechas a zumbarles! ¿Qué guay! Claro, los tíos se acojonaron y los LSS se piraron no sin abroncarnos: '¿Así tratáis en Bilbao a los visitantes?'. Guau. Llenazo cuando regresen. Fijo.