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Lunes, 8 de mayo de 2006
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CULTURA
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El falso paraíso perdido
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-'Romanticismo' era una novela urbana. 'Nuestra epopeya' comienza en el campo. ¿Se vivieron esos acontecimientos de distinta forma en el campo y en la ciudad?

-Sí, porque la aldea proporciona una visión limitada de la vida. En mi novela es como si fuera el paraíso perdido; un paraíso falso, pero ésa es la impresión que tienen los personajes. Es cierto que en el campo no se pasó en la postguerra el hambre que sí se dio en la ciudad, pero en ésta había otras ventajas. Y en cuanto a los personajes, los del pueblo son unos ingenuos que de pronto, con el inicio de la guerra, se vieron con una pesada carga a sus espaldas. El aprendizaje fue brusco. Muchos pasaron de ser unos chavales que no habían hecho nada malo a tener varios crímenes en su conciencia.

-¿En el pueblo por tanto se vivieron guerra y postguerra con más desgarro y en la ciudad con más picaresca?

-En la ciudad todo se diluye. Es cierto, en el campo todo se vive con un mayor desgarro, mientras en la ciudad la picaresca abunda. Al fin y al cabo, siempre ha sido un fenómeno urbano, desde el 'Lazarillo'.



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