20 días después de la firma del proyecto de Estatuto, el pleno ordinario de la Diputación riojana aprobó una moción en la que se instaba a las instituciones y Corporaciones -y en especial a la Diputación Provincial de Burgos y al Consejo General de Castilla y León- «el máximo respeto hacia la voluntad expresada por pueblo riojano, al igual que éste no ha interferido, ni lo hará, en las decisiones de otros pueblos».
Y es que La Rioja era una región apetecida en un momento de redefinición del mapa, pero los intentos de 'tragantuismo' chocaron siempre con la voluntad decidida del pueblo riojano, que en sus 'días de La Rioja' había reiterado su apuesta por mantener su identidad sin compañeros de viaje.
De hecho, al mes siguiente de la firma, el diputado ucedista José Antonio Escartín se entrevisto con el ministro Martín Villa y éste le explicó que vería con buenos ojos la adhesión de Cantabria y La Rioja a la Comunidad de Castilla-León, aunque matizó que «se contaría siempre con la voluntad de los propios entes de gobierno de ambas entidades autónomas».
El proyecto de Estatuto de Autonomía para La Rioja se tramitó con rapidez en el Senado. El 25 de febrero de 1982 se publicó en el Boletín Oficial del Estado y se abrió un plazo para la presentación de enmiendas, que fueron escasas. Pasó por ponencia y comisión sin que se produjera ninguna intervención en contra.
El Congreso lo aprobó en sesión plenaria de 25 de mayo de 1982, siendo sancionado por el Rey Juan Carlos I el 9 de junio del mismo año.