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Lunes, 8 de mayo de 2006
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VIZCAYA
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Mens sana in corpore sano
1.500 personas, sobre todo estudiantes pero también niños y adultos, se animaron a participar en la marcha de la Universidad por la salud
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LÍNEA DE SALIDA. La marcha partió del campus de Sarriko. / BORJA AGUDO
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Ir al campus de Leioa con el trajín de autobuses, a veces combinados con el metro, que hay que coger para llegar arriba es toda una excursión para los que van un día cualquiera sin coche. Muchos de ellos son alumnos de los centros de la UPV de Bilbao que ayer repitieron el recorrido, pero a pie. Completaron la tercera marcha de la Universidad 'tipi-tapa' por la salud que reunió a 1.500 personas, el doble que hace tres años. Tenían la recompensa de un crédito de libre elección.

«Se está consolidando», se felicitaba José Luis González, uno de los coordinadores de la prueba. A lo largo de los 13 kilómetros que separan Bilbao y el campus, se intenta animar a los universitarios a cuidar su cuerpo con una actividad física «al alcance de todos» y unir los centros de la UPV de Bilbao con el de Leioa.

La marcha sale de la Facultad de Sarriko y pasa por el Euskalduna, el Guggenheim y el Puente de la Salve. Después, toma la subida a Artxanda hasta llegar al antiguo parque Nogaro que lleva a Sondika y continúa por Loiu y por los caminos de los barrios rurales hasta la Universidad. Tres horas andando. A las doce y media el polideportivo del campus, la meta de la prueba, estaba a rebosar de gente que hacía cola para coger el bocata, la camiseta roja del evento y el botellín de agua.

«Lo he hecho por el crédito», admitió Nerea, una estudiante de Durango de 20 años, sentada en un bordillo y con la cara aún colorada por la caminata. «Esta vez la UPV se ha portado porque nos paga los bocatas y el bus de vuelta hasta Astrubudua. Gracias a nuestras amas que nos ayudan, porque sale pasta venir aquí», comentaba entre ironía y resignación con sus amigas Iratxe, Saioa e Itxaso.

Por ser domingo, no faltaron tampoco amas y aitas, aitites, amamas y niños que se animaron a hacer la marcha sana. Al final, tuvieron suerte con la mañana. Ni una gota de agua de las que cayeron a la hora de comer, cuando casi todos estaban ya en el metro de vuelta a casa. «¿Pues hemos venido muy bien, verdad? Ya sabía yo que iba a ser una buena idea y eso que hemos tardado cuarenta y cinco minutos en salir», comentaba una familia. Este año había un plan corto especial para los pequeños. «Primero desde el Casco Viejo hasta Sondika. Dejaremos a un lado el avión y planearemos subir por el mote, tipi-tapa hasta la Universidad. Podéis encontraros con más de una sorpresa», rezaba la inscripción.



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