DE CUANDO EN CUANDO OLMO Voy a dar hoy fin a esta trilogía del chupete relatándoles una noticia curiosa, tirando a increíble. Ocurrió de madrugada, creo que en los años sesenta, en aquel hotel que hubo en El Arenal con el nombre de 'Almirante', en el que se hospedó un matrimonio joven con un niño de meses. El niño, a las tantas de la madrugada, comenzó a llorar y no hubo manera de encontrar el chupete. Como no callaba y sus alaridos (que debían de ser potentes) molestaban a los otros huéspedes, el padre pidió ayuda a la conserjería y un botones acudió rápidamente a una farmacia de Bidebarrieta. Allí comenzó el lío.
El farmacéutico (como en el caso personal que les conté ayer) se negó en redondo a vender el chupete aferrándose al reglamento. Allí no se servía a esas horas nada sin receta. Vuelta del botones al hotel, pero, como el niño no dejaba de llorar a pleno pulmón, al conserje, buscando una solución desesperada, se le ocurrió llamar a la Seguridad Social preguntando cómo podría conseguirse la receta. El serial se desarrolló como sigue.
Llamada del médico a la farmacia buscando un acto de conciliación. Negativa rotunda del farmacéutico, que era muy cabezón. Cabreo lógico del médico, que se reviste de su autoridad profesional y tira por la calle del medio. Movilización de un coche del servicio nocturno de urgencia. Llegada (más o menos diplomática) del médico a la farmacia con la receta del chupete y todos se salen con la suya. El colofón de esta aventura nocturna fue de auténtico sainete, porque, cuando el chupete llegó a la habitación del atribulado matrimonio, el niño, sin duda cansado de llorar, se había dormido como un angelito.