«La sexualidad es una necesidad desde que nacemos hasta que morimos». No es sólo cosa de adultos, también de niños, asegura Estibalitz Vegas. La psicóloga de Galdakao ofreció el jueves en Basauri una charla dirigida a padres y madres, a quienes advirtió acerca del «papel fundamental» de la sexualidad en la etapa infantil.
-¿El sexo ha dejado de ser un tabú?
-En teoría sí, porque la sexualidad aparece cada vez de manera más explícita en el cine y la publicidad. En la práctica, sin embargo, no es así.
-¿Y la sexualidad infantil?
-Mucho menos. Es un tema de vital importancia y no hay apenas libros que aborden este tema.
-¿Cómo actúan los padres respecto a la sexualidad de sus hijos en edades tempranas?
-Muchos adultos, cuando ven a un crío tocarse sus genitales, le dicen que hacer eso es 'feo', que es 'de cochinos'. Y no es así, en absoluto. No hay que reprobarles por tocarse.
-¿Cómo le afecta al niño esa desaprobación?
-Mucho. A veces provoca, incluso, que obliguen a críos más pequeños que ellos a hacer cosas que realmente no son saludables. Para evitarlo, hay que ver la sexualidad como algo natural y no regañarle.
-¿Existe por parte de los mayores cierto recelo?
-Sí. Muchos padres consideran que su hijo es raro porque se explora ciertas partes de su cuerpo. Cuando acuden a este tipo de charlas, experimentan un alivio al saber que sus hijos no son los únicos que se tocan.
-¿Qué consecuencias puede tener en un futuro para el niño reprimir esas conductas?
-Influye de maneras inimaginables, especialmente en las niñas. Como creen que tocarse está mal visto, cada vez que están tentadas de hacerlo tensan sus zonas genitales para evitarlo. Si pasa muy a menudo, esta rigidez se hace crónica y provoca que muchos músculos se atrofien. Puede derivar en dolores durante la menstruación porque tienen el cuello del útero resentido. También suele ocurrir que al dar a luz les cueste más que el suelo pélvico se abra.
La lactancia
-¿Influye también en las relaciones sexuales adultas?
-Por supuesto. Hay que tener en cuenta que el sexo no sólo es penetración, sino que también son las caricias y otro tipo de sensaciones. Todavía hay gente que mide el placer según el número de orgasmos que ha tenido y personas que si no llegan al orgasmo no consideran una relación satisfactoria.
-Usted defiende que la relación con la sexualidad la experimentamos desde que somos bebés.
-Sí. En esta primera etapa de vida, la zona de placer del niño es la boca y, con el tiempo, serán los genitales. Amamantar a un niño no sólo cumple el objetivo de alimentarle; el bebé percibe muchas sensaciones placenteras fruto del contacto con el pecho de la madre.
-¿Sensaciones placenteras?
-Podríamos decir que son los primeros orgasmos que sienten en su vida, por eso la lactancia no debe ser un acto mecánico. Muchas veces el bebé lo pide porque quiere disfrutar del contacto con su madre.
-Pero las madres amamantan al bebé para alimentarlo. Y se imponen unos horarios.
-Pero si tu pareja te pide un beso no se te ocurre decirle que espere, que hace sólo cinco minutos que le has besado. Con los bebés ocurre lo mismo. Piden el pecho porque tienen hambre y porque quieren disfrutar de las sensaciones que el cuerpo produce.