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Martes, 9 de mayo de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
La utopía violenta de la Baader-Meinhof
Los años sesenta del siglo XX se caracterizaron por la convulsión desestabilizadora que padecía el planeta y en la que la lucha en pro de los derechos civiles en EE UU, las guerrillas revolucionarias en América Latina, las tensiones de la descolonización en África y Asia y los desencuentros de la URSS con sus Estados satélites y con la República Popular China fueron actores principales. Mientras tanto, Europa occidental se mantenía tranquila favorecida por el hecho de que la recuperación económica de los cincuenta y el establecimiento de regímenes democráticos estables no habían estimulado la acción violenta de los grupos extremistas de derecha o izquierda. Pero esto duró hasta que a finales de los sesenta surgió un terrorismo desestabilizador cuya máxima actividad se dio en la mitad de la década y cuyos precedentes se encuentran diez años antes en el nacimiento y desarrollo de una nueva izquierda que apareció como expresión de un ambiente generalizado de cambio ideológico, social y cultural tras las tensiones de la Guerra Fría y como elemento constitutivo de una subcultura universitaria marcada por el optimismo, la utopía, el inconformismo y el maximalismo.

El terrorismo alemán de los años setenta del siglo XX es un ejemplo claro ejemplo de lo anteriormente señalado. Casi 20 años después de la creación de la República Federal, la revuelta estudiantil de 1968 fue la 'avanzadilla' de una serie de nuevos movimientos sociales que criticaban la 'partitocracia' en el gobierno y que buscaban canales de expresión y participación políticas. El asesinato, el 2 de junio de 1967, de un estudiante a manos de la Policía, cuando se manifestaba contra la visita del sha de Persia a Berlín occidental, conmovió al movimiento estudiantil. El atentado contra el líder pacifista universitario Rudi Dutschke (paradigma del 68 alemán y «revolucionario sin armas bélicas»), realizado por un neonazi a sueldo dos semanas después, radicalizó aún más a un sector estudiantil que decidió ejecutar acciones terroristas. La figura de Dutschke y su compromiso, hoy olvidado, merece un estudio aparte porque de su comportamiento nació en Alemania un movimiento antiviolencia en el que la palabra 'libertad' adquirió una importancia inusitada y en el que los valores del anarquismo pasaron a ser fundamentales.

De todo ese movimiento estudiantil multitudinario surgió también la violencia. La lucha armada comenzó al año siguiente con la tentativa de quema de un gran almacén en Frankfurt, tras de lo cual fueron detenidos, en junio de 1968, Andreas Baader y Gudrun Ensslin, precursores de este nuevo activismo armado. El juicio fue cubierto por una periodista, Ulrike Meinhof, que había estado publicando artículos elogiosos hacia el grupo en la revista 'Konkret'. Huidos de la justicia, Baader fue detenido en abril de 1970, hasta que el 14 de mayo Ulrike Meinhof, que se había unido al grupo, participó en la espectacular fuga del líder terrorista de una prisión de Berlín, convirtiéndose, a partir de entonces, para la policía en la 'Baader-Meinhof Bande'. Este momento marca la aparición oficial de la 'Rote Armee Fraktion' (Fracción del Ejército Rojo o RAF).

Tras una breve pero intensa carrera terrorista jalonada de ataques incendiarios a sedes oficiales y periódicos, Baader, Meinhoff y Ensslin fueron detenidos en junio de 1972, junto a otros miembros destacados de la banda. Fue el fin de una primera generación de terroristas urbanos, aficionados a los BMW, Mercedes o Alfa Romeo, las Ray Ban Wayfarers y los pantalones de terciopelo arrugado, que creía en la máxima de la acción y en la lucha global a favor de la liberación del Tercer Mundo. El origen sociológico de una militancia que nunca sobrepasó los veinte activistas, los doscientos elementos de apoyo y los dos mil o tres mil simpatizantes, era más bien acomodado. La segunda generación, que actuó a mediados de los años setenta, menos proclive a realizar análisis ideológicos y estratégicos, tenía una extracción social menos privilegiada y buscó refugio en asociaciones alternativas y de ayuda social. Para combatir la actividad terrorista, el Estado desplegó un amplio abanico de medidas legislativas y policiales. Entre las primeras, que limitaron los derechos civiles y aumentaron las medidas de excepción, destacaron la llamada 'Baader-Meinhof Gesetz' de 1 de enero de 1975 y la 'Anti-Terror Gesetz' de 18 de julio de 1976. Policialmente, cabe destacar que desde 1973 la Oficina Criminal Federal (BKA) desarrolló programas de vigilancia y rastreo informático que permitieron localizar y detener a la mayor parte de los activistas de la RAF y del Movimiento 2 de julio (BZJ), creado en 1971 como grupo de apoyo.

Ulrike Meinhoff se ahorcó en su celda el 9 de mayo de 1976, hoy hace treinta años. El 7 de abril del año siguiente, la RAF asesinó en Kalsruhe al fiscal Sigfried Buback, poco antes de que la Sala de lo Penal de Baden-Wuremberg sentenciara a cadena perpetua a Baader, Ensslin y Jan Carl Raspe. La tensión llegó al máximo a partir del verano; a fines de julio asesinaron al banquero Jurgen Ponto y el 5 de septiembre secuestraron al presidente de la Federación de Industrias Alemanas, Hans Martin Schleyer. Un mes más tarde, el 13 de octubre, un grupo palestino desviaba un Boeing 737 de la Lufthansa a Somalia, proponiendo la liberación de sus 86 ocupantes a cambio de los terroristas presos en las cárceles alemanas. La opción de dureza del Gobierno federal trajo como resultado la muerte de los terroristas en Mogadiscio y la liberación de los rehenes, llevada acabo por el Grupo Especial de la Policía alemana (GSG-9), el 18 de octubre. Pocas horas después, Schleyer fue asesinado, y Baader y Ensslin aparecieron muertos en sus celdas de la cárcel de alta seguridad de Stammheim (Stuttgart). Un tercero, Jan Carl Raspe, estaba gravemente herido y moriría, poco después, en el hospital. Y una cuarta, Irmgard Möller, sobrevivió a un intento de suicidio por apuñalamiento. Baader y Raspe murieron a consecuencia de disparos en la nuca, mientras que Ensslin murió ahorcada. La dirección del penal presentó un informe señalando que había sido un suicidio múltiple. El episodio sigue siendo uno de los más siniestros en la historia de la Alemania Federal y la percepción general, sea cierta o no, es de que se trató de un crimen de Estado.

La RAF, el BZJ y las RZ (Células Revolucionarias) continuaron su actividad terrorista hasta inicios de los ochenta, probablemente con apoyo exterior y con objetivos centrados en instalaciones y personal de la OTAN. Pero la iniciativa de guerrilla urbana sin apoyo popular fue derivando a fines de la década de los ochenta en un activismo sectario y vacío de contenido teórico. La caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, dejó a los activistas refugiados en la RDA inermes ante la justicia federal. En 1998, el grupo se disolvió, aunque sigue existiendo en el arte, el teatro, los documentales y las películas que dieron a los terroristas un rostro más humano, así como en su 'utilización' por el mundo de la moda. A ello cabría añadir el 'misterio' o la 'torpeza' que supuso la decisión de extirpar y analizar los cerebros, poco antes de ser enterrados, de Baader, Ensslin y Raspe que desaparecieron del hospital universitario de Tübingen y el de Ulrike Meinhoff que se conserva en la Universidad de Magdeburgo y de cuya investigación neurológica nada se sabe. En pleno disfrute de los logros económicos del 'milagro alemán', aferrados al orgullo de haber llegado a un bienestar impensable al otro lado de la cortina de hierro, surgió en la orgullosa Alemania un grupo de terroristas ultraizquierdistas, insatisfechos y radicales que decidieron destruir la sociedad capitalista por medio de las armas y que fueron calificados por Markus Wolf, jefe del Servicio Secreto de la RDA, como «alineados proscritos sociales» y «niños malcriados e histéricos» que en su mayoría provenían de la clase alta. Todos eran 'hijos de la prosperidad' y descendían de la 'generación Auschwitz', marcada por la guerra y la vergüenza. A pesar de su popularidad entre la gente joven, la trágica iniciativa terrorista, que ocasionó decenas de muertos y heridos, murió como había nacido, con violencia.



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