El pentapléjico que murió en Valladolid el jueves pasado, cuando ya llevaba algún tiempo muerto, había pedido ayuda a una asociación proeutanasia pero no la consiguió por esa vía. «Necesito la mano que sostiene el vaso», había dicho. La Policía investiga ahora quién pudo ser el propietario de esa mano para acercar el vaso a sus labios, en vez de dedicar todas sus pesquisas a investigar a los depredadores marbellíes y aclararnos cómo el Cachuli, que no es más que uno de los miembros de la banda, y otros tipos del mismo jaez se hicieron millonarios en euros firmando autógrafos en unos papeles. Unos papeles que permitían a otros sujetos de la misma calaña edificar grandes edificios en terrenos destinados a construir jardines y colegios.
Cuando Arthur Koestler y su mujer fundaron una sociedad llamada 'Exit', intentaron en vano explicarnos que no se trataba de matar al abuelito porque tosía mucho, sino de abreviarle los trámites, a reiterada petición del interesado, a enfermos desahuciados que padezcan dolores insufribles. Los fundamentalistas religiosos, que pueden pertenecer a cualquier religión, volvieron a insistir en que la vida es sagrada, pero no entraron en detalles de a qué vida se referían. ¿Quizá a la de la persona que precisa colaboración para rascarse y para limpiarse el culo? Hay gente tan piadosa que prefiere que estos desventurados prolonguen su agonía «hasta que Dios quiera» llevárselos y mueren entre horribles sufrimientos. Creer en un Dios así se las trae, pero ya sabemos que la fe es un don.
La película 'Mar adentro' hizo algo muy importante por acercarnos no sólo a la racionalidad, sino a la compasión. ¿Quién será el dueño de la mano que sostuvo el vaso del pentapléjico de Valladolid? Yo, que aún puedo sostener mi vaso, brindo por él.