Por fortuna va abriéndose paso en el sentir social la conciencia sobre la importancia que el mantenimiento de la memoria de las víctimas tiene para superar acontecimientos o épocas donde la violencia ha marcado con su presencia traumática a la sociedad. Cada vez son más las apelaciones a preservar la memoria de quienes sufrieron injustamente la violencia desde su inocencia radical y cada vez más los actos externos de recuerdo. Sirvan estas humildes letras para honrar precisamente la memoria de dos personas que fueron asesinadas hoy hace treinta años. Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos fueron dos militantes carlistas que sufrieron el odio violento y asesino de un grupo de ultras de extrema derecha que, en los prolegómenos de la democracia que comenzaba a gestarse en España, no se resignaban a aceptar los vientos de libertad que soplaban también en Montejurra. Cabe aún, treinta años después, preguntarse si aquello hubiera podido ocurrir sin la evidente connivencia de los poderes establecidos, concretada en la indignante pasividad con que la policía allí presente asistió al desmán de los mercenarios fascistas; además de otras responsabilidades que concernieron a otras instancias, entre ellas, algún político en activo. Una parte de la verdad la conocemos quienes allí estuvimos. Falta, por desgracia, la justicia.