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Martes, 9 de mayo de 2006
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CULTURA
TOROS
Fandiño, por la puerta grande
Fandiño, por la puerta grande
POR EL CALLEJÓN. Un toro saltó la barrera. / MITXEL ATRIO
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Grata sensación la que dejó Iván Fandiño ayer tarde en la plaza de toros de Orduña. A las puertas de Bilbao y Vitoria, el torero vizcaíno reclamó un sitio en las Corridas Generales de Abono y en la Feria de la Blanca. Por encima de todo, Fandiño trasmitió al respetable la sensación de torero asentado, firme, con aplomo.

El primer ejemplar de su lote fue alto de cruz, hecho cuesta arriba y escurrido de cuartos traseros. Claro ejemplo de las hechuras Aldeanueva. Se desplazó con franqueza tras los capotes, cumplió en los petos del caballo, y embistió con clase y temple durante el último tercio. Toro difícil por su calidad. El torero de Orduña comenzó faena junto a las tablas enjaretando cuatro estatuarios sin enmendarse. Tras un tanteo en los medios, montó la franela en la mano derecha, y se dispuso a componer un trasteo macizo. Siempre vertical y asentado sobre los riñones, Fandiño engarzó los muletazos con temple, buen trazo y medida profundidad. Tocó el engaño con mucho tacto. Nunca violentó al dulce astado. Midió los tiempos, las distancias. Los pases de pecho fueron largos y despaciosos, de cartel.

A punto estuvo de bajar el diapasón de la faena cuando cambió la muleta a la mano izquierda. Rectifico a tiempo. Como colofón a su labor, mató de estocada al encuentro. Cierto es que cayó baja pero Iván lo intentó. Lejos de conservar, el torero apostó fuerte y el público lo recompensó con dos orejas unánimes.

Frente al astado que cerró plaza, un zambombo de sobredimensionadas hechuras, Fandiño volvió a torear con gusto con el capote, en esta ocasión por chicuelinas. El animal a duras penas se mantuvo en pie, distrajo la atención y se empleó como alma en pena. Fandiño no le ofrecio ni la larga ni la media distancia, atacó desde los inicios. En esta ocasión no acertó. El toro se apagó como una vela. Aunque bien colocado, el toro pidió sitio. Pese al empecinamiento del diestro local el trasteo no terminó de levantar el vuelo.

Falta de ligazón

Por su parte, Iker Javier Lara dispuso de un primer toro blando de manos y con poca fijeza. Noble como él solo, y manejable, pero muy justito de motor. Bien es cierto que Iker no lo atosigó, incluso le ofreció necesarios respiros, pero su tosco manejo de la muleta provocó continuamente las caídas del morlaco. Demasiados tirones. Y con ellos la falta de ritmo, de ligazón. Una pena porque el animal se dejó. El cuarto ejemplar en el orden de lidia, atacado de kilos, feo de hechuras y corto de cuello, gateó de salido y durante el tercio de varas. No hizo un mal gesto pero acortó las arrancadas. En vez de esperarle con la muleta retrasada, Lara sacó adelante el engaño, provocando que el animal se quedara abajo. Al final todo terminó amontonándose. Los muletazos, la faena, las ideas.

Del rejoneador Pedro Javier Ciordia poco que destacar. Tan verde como los caballos de su cuadra, Ciordia abusó de los rejones de castigo, de las pasadas en falso y no impuso ni ritmo, ni hilo conductor a su labor.



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