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Martes, 9 de mayo de 2006
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ALAVÉS
Piterman reprocha a unos aficionados su pesimismo
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La mañana amaneció triste, gris y un pelín lluviosa en Ibaia, pero el cielo acabó por abrirse para sonreír el Sol. En lo anímico no hubo contraste, aunque tampoco fue un entrenamiento apagado para el Alavés. Desde luego que los jugadores, técnicos y auxiliares no estaban para bromas, pero se esforzaron, no por completo, en su doloroso intento por levantar la moral cuando la Segunda División se empecina en llamar a su puerta.

La sesión de trabajo, como la mayoría, tampoco mereció la atención de los aficionados. Siempre acuden los mismos. Tres, cinco o diez observadores del quehacer diario albiazul. No más. Ayer repitieron los de costumbre. Sólo que esta vez hablaron para condenar a Dmitry Piterman entre reproches, palabras malsonantes y algún que otro insulto que se dejaron oír en el silencio de las instalaciones. La plantilla fue testigo mudo de un incidente menor.

El presidente respondió con mesura al cruce de descalificaciones que le llegaba de los fieles a Ibaia. Sólo les reprochó su pesimismo. No más. Farfullando les dijo algo así como «qué gente más pesimista». Y siguió a lo suyo.

Un hombre de confianza de Piterman medió para hacer la paz y callar el acoso verbal al que estaba siendo sometido el máximo accionista albiazul. Lo hizo con discrección y buenas palabras. Más que por el presidente, pidió respeto y silencio por el plantel.

Los dos seguidores más exaltados atendieron a la reclamación y depusieron en su actitud. La mañana avanzó en Ibaia sin más contratiempos. Casi en familia, como la mayor parte de los días. Los espectadores completaron la sesión y los jugadores, también. Lloviznó y después, escampó.



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