El escándalo de las conversaciones teléfonicas grabadas a Luciano Moggi, director general de la Juventus, se agranda cada día y ayer se llevó por delante al presidente de la Federación italiana de fútbol, Franco Carraro, que dimitió a un mes del Mundial. La Fiscalía de Turín grabó a Moggi entre 2003 y 2004, pero archivó el caso porque no halló indicios de fraude deportivo. Sin embargo, pasó el material a la federación porque, aunque no haya pruebas ante un tribunal, el contenido de las conversaciones es pura dinamita y no deja muchas dudas: Moggi influía en la designación de árbitros, tenía al menos a cuatro poco menos que a su servicio, pesaba en el envío de jugadores a la selección y hasta controlaba la moviola del principal programa televisivo de fútbol.
La filtración de las escuchas ha desatado un gran escándalo, porque el favoritismo de algunos colegiados hacia el equipo turinés y los trapicheos de Moggi eran un secreto a voces desde hace años. Entrenadores como Mancini, Ancelotti y Prandelli han expresado su vergüenza y han exigido una limpieza. Dentro de la 'Juve', los Agnelli han hecho declaraciones severas y parecen dispuestos a despedir a Moggi y su colega de aventuras, Antonio Giraudo.