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Martes, 9 de mayo de 2006
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DEPORTES
ANÁLISIS
Al fin
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Fue como el resto de la temporada, con suspense. La mayor parte de los rivales en la liga de los pequeños se habían salvado a media tarde, y los resultados convirtieron en ineludible la obtención de un punto más. Un punto en dos partidos, pero no era un punto fácil. El Deportivo tenía deudas pendientes con su afición, a la que ha dado en esta temporada demasiados disgustos en su estadio, y quería, además, agotar sus posibilidades de jugar en Europa. Y en el último partido viene a Bilbao ese Barça que ahora mismo puede ganar a cualquiera casi sin darse cuenta. No, ese punto no era sencillo y no merece la pena recordar otros que parecían más asequibles pero no se consiguieron.

Se diría que nos habíamos hecho a la idea de que la milagrosa victoria sobre el Zaragoza era suficiente, y ya no teníamos energías para volver a sentir que nos jugábamos la vida, para apelar otra vez a la heroica, la historia, los sentimientos, las emociones. Ya estaba bien. A media tarde, mientras en otros campos celebraban la permanencia, nosotros nos habíamos quedado en el filo, con el Espanyol y el Alavés. Hasta la hora del partido parecía haberse previsto para estirar la ansiedad hasta límites verdaderamente insalubres. Luego tiramos el primer tiempo por la borda, con la consabida acumulación de centrales 'polivalentes' y la insólita pretensión de salir al contragolpe con Yeste y Urzaiz, dos excelentes jugadores, que han tenido mucho que ver en que haya pasado al fin este mal sueño, pero en absoluto dotados para salir como flechas desde el centro del campo, que era donde más lejos llegaba el Athletic ante un Dépor que era muy poquita cosa.

Lafuente rechazó bien el primer tiro, pero ya no pudo con el segundo. Silencio en el bar hasta el descanso. Entonces se habló, por hablar de algo y para disimular el terror, del calendario del Alavés y el Espanyol en la última jornada. Un panorama.

En la segunda parte se podrían hacer algunos cambios, aunque fueran los mismos en los que estaban pensando todos los aficionados, los de grada, los de tribuna, los del bar, los comentaristas de televisión, un señor con boina, e incluso quienes escriben en la prensa. Al fin, como ya no quedaba más remedio que meter algún gol como fuera, el entrenador decidió ser tan vulgar como somos la inmensa mayoría de los aficionados: retiró a un central 'polivalente' y sacó en su lugar a un segundo delantero, Etxeberria. Por si eso fuera poco, Casas, que cubrió perfectamente su banda en el segundo tiempo sin necesidad de refuerzos, remató limpiamente a la red un córner sacado por Yeste. Habíamos acertado al unísono, entrenador y aficionados, como en todas las otras ocasiones en que sólo se acertó al rectificar.

Luego vino el penalti, el segundo gol, el final del partido y una alegría lenta y sorda, mezclada con importantes dosis de cansancio y una extraña incomodidad, esa que hemos estado acallando, por lealtad, durante toda la temporada. Ahora brota todo junto, la alegría y el enfado. Felicidades a la afición, que no se ha cansado de animar, sin un solo reproche, mientras duró la pelea. Enhorabuena a los jugadores, porque se han partido el alma. Pero que a nadie se le ocurra presumir de haber salvado a este equipo, porque sería seguir demostrando, también al final de esta temporada agónica, una gran desconfianza en sus posibilidades.



Vocento