La economía europea se recupera. Este año, la zona euro crecerá un 2,1% y un 2,3% el conjunto de la Unión, según las previsiones de primavera de la Comisión Europea, difundidas ayer. Esas cifras superan en dos décimas las estimaciones del pasado otoño; y, sobre todo, suponen un notable repunte -de 0,8 y 0,7 puntos, respectivamente- respecto a la expansión del pasado ejercicio. Bruselas, por contra, redujo sus cálculos para España, cuyo Producto Interior Bruto (PIB) aumentará un 3,1% este ejercicio y un 2,8% el próximo; es decir, una y dos décimas menos de lo que esperaba el pasado noviembre, aunque muy por encima de la media de la UE.
Los pronósticos publicados ayer reflejan que Europa parece resituarse, por fin, en los índices de crecimiento que los expertos consideran posibles con la estructura productiva disponible: en torno al 2% cuando las cosas van bien. El principal motor de esta recuperación es Alemania, cuyo PIB aumentará este año a un ritmo del 1,7% frente al 0,9% de 2005. No obstante, las previsiones vaticinan un nuevo debilitamiento en 2007, con una tasa para la Eurozona del 1,8%, frente al 2,1% estimado inicialmente.
España, por su parte, no sólo da muestras de agotamiento de modelo, sino que comienza a presentar brechas muy inquietantes. Sobre todo en competitividad industrial, erosionada esta por una inflación de costos rampante y una productividad mediocre, que abocan al país, este ejercicio y el próximo, a una escalada del déficit por cuenta corriente muy significativo.
El comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, reconoció ayer que el horizonte de la economía española «tiene nubarrones», entre los que enumeró «la pérdida de competitividad, inflación más alta, baja productividad y déficit por cuenta corriente con el exterior en aumento». A su juicio, el patrón de crecimiento «descansa mucho en la demanda de consumo».
Endeudamiento
España continúa creciendo muy por encima de la media europea, pero sobre todo gracias al elevado gasto. Y este consumo se sostiene en que las familias se endeudan -para comprar viviendas o para vivir, simplemente-, aunque también está evolucionando de forma positiva la inversión industrial, un factor en el que el Ministerio de Economía tiene puestas todas las esperanzas como motor para el cambio de modelo.
La Comisión, sin embargo, no ve cambios verdaderamente significativos en este panorama. «En 2006, la actividad económica continuará todavía basada en una activa demanda doméstica, pues aunque se esperan tipos de interés más altos, la también alta inflación anunciada continuará manteniendo los tipos reales de interés en rojo», decía ayer en su análisis sobre España. Es decir, que las familias continuarán endeudándose. La tasa de ahorro caerá al 9,5% de la renta disponible y su deuda crecerá hasta el 120%. Ni que decir tiene que la fuerte dependencia del crédito que padecen los hogares españoles les hace muy vulnerables a cualquier variación en los tipos.
Almunia se refirió ayer a esta amenaza al recordar que España es uno de los países de la zona euro donde la evolución de la vivienda plantea más «riesgos» para el crecimiento económico, ya que «puede verse afectada por el endurecimiento de las condiciones de financiación ante la subida de los tipos de interés».
Este riesgo parece que se materializará en 2007: el crecimiento de los tipos de interés terminará situando el precio del dinero, en términos reales, por encima del costo de la vida. El impacto de esta nueva situación en el consumo privado, y en la compra de viviendas, será inmediato.
La desaceleración del consumo interno no tendrá efectos significativos en la balanza comercial porque la pérdida de competitividad industrial seguirá acentuándose: no hay previstas mejoras en la productividad ni en el diferencial se inflación de España con los restantes socios comunitarios.