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Martes, 9 de mayo de 2006
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El presidente de Irán ofrece por carta a Bush «nuevas soluciones» para la crisis nuclear
La misiva, en vísperas de que el Consejo de Seguridad debata posibles sanciones, es la primera comunicación directa en casi treinta años
El presidente de Irán ofrece por carta a Bush «nuevas soluciones» para la crisis nuclear
El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, gesticula ante un gran mural que representa a destacados miembros del régimen islámico. / AP
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En torno a las dos de la tarde de ayer, la Casa Blanca recibió la primera reconocida comunicación directa entre los Gobiernos de Irán y Estados Unidos desde que los dos países rompieron sus relaciones diplomáticas en 1979 durante la Administración Carter como consecuencia de la crisis de los rehenes. Aunque el contenido exacto de la carta remitida por el presidente iraní al ocupante del Despacho Oval no ha sido revelado, la teocracia de Teherán ha indicado que contiene «nuevas soluciones para superar la actual situación vulnerable en el mundo».

El mensaje de Mahmud Ahmadineyad fue remitido a través de la Embajada de Suiza en Teherán, que representa los intereses de Estados Unidos en Irán. Y rápidamente fue interpretada en Washington como una maniobra justo en vísperas del debate previsto esta semana en la ONU sobre la posibilidad de sanciones ante el desafío nuclear de Irán. Según el 'zar del espionaje' estadounidense, John Negroponte, «ciertamente una de las hipótesis que tenemos que examinar es si el momento del envío de esta carta está conectado con un intento de influenciar el debate del Consejo de Seguridad».

Debate para el que la secretario de Estado, Condoleezza Rice, tenía previsto reunirse anoche en un lujoso hotel de Nueva York con los ministros de Exteriores de Reino Unido, China, Francia, Alemania y Rusia en búsqueda de una posición común ante el empeño de Irán de continuar con su programa de enriquecimiento de uranio. Proceso tecnológico que sirve tanto para crear combustible para reactores nucleares como cargas para construir bombas no convencionales.

La semana pasada, Reino Unido y Francia empezaron a hacer circular un borrador de resolución redactado bajo el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas, que acarrea la obligación de inmediato cumplimiento con la posibilidad de represalias económicas o militares. Escenario sancionador que tendría que ser rubricado en una segunda resolución. Tanto China como Rusia, miembros permanentes del Consejo de Seguridad con poderes de veto, han declarado su oposición a emprender esta vía de confrontación.

Ante esta falta de unanimidad en la ONU, la Administración Bush, con ayuda del Departamento del Tesoro, estaría intentando persuadir no sólo a gobiernos aliados sino también a grandes bancos y empresas privadas para organizar una sanciones económicas 'de facto' contra Irán.

Táctica que según 'The Financial Times' seguiría el modelo de las presiones financieras establecidas el año pasado sobre Corea del Norte. Aunque los dos países no son comparables por el gran volumen comercial de Irán, país con el que el Gobierno de Estados Unidos insiste en no entablar negociaciones bilaterales.

La baza del petróleo

Con todo, la mera existencia de la carta de Ahmadineyad a Bush, pese las renovadas amenazas iraníes de retirarse del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), sirvió ayer para aliviar las tensiones alcistas sobre los precios del petróleo, situando el del barril de crudo ligero a entregar en junio por debajo del listón de los setenta dólares. Entre los principales consumidores del crudo iraní -con una producción diaria de 3,8 millones de barriles- se encuentran China, Francia, Japón, Italia, Bélgica, Turquía y Grecia.

Según varias agencias, el embajador de EE UU ante la ONU, John Bolton, señaló que se esperaba que las discusiones se prolonguen hasta hoy, tras afirmar que no piensan eliminar del documento el Capítulo VII de la Carta de la ONU. «El borrador está escrito de esta manera, invocando todas las posibilidades de este apartado. Ésta es nuestra intención y vamos a mantenerla», declaró.

«Mi posición es clara porque el Capítulo VII incluye medidas de coerción. Mi entender es que una resolución del Consejo de Seguridad por sí misma ya es obligatoria legalmente y que deben ser cumplidas», declaró, por su parte, el representante chino, Wang Guangya.

Los patrocinadores de la resolución no descartan someter el documento a votación esta semana, aun sin el respaldo de Pekín y Moscú, aunque siguen manifestando que prefieren lograr la unidad, al menos de los cinco miembros permanentes del Consejo.

Mientras, el enviado diplomático del Gobierno británico, Jones Parry, destacó que están preparando una versión de la resolución, en que se incluirán enmiendas, y que creía que estaría listo para anoche.



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