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Miércoles, 10 de mayo de 2006
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CULTURA
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«El cine español no interesa al público»
Rafael Alvero, portavoz de los exhibidores, denuncia las prácticas abusivas de las 'majors' y la cuota de pantalla
«El cine español no interesa al público»
Rafael Alvero. / L. A. GÓMEZ
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Los dueños de los cines no ven su porvenir de película. Acosados por las distribuidoras estadounidenses, sin las cuales no pueden subsistir, denuncian que la Administración no sólo no les ayuda, sino que se convierte en un factor más de competencia desleal. Rafael Alvero, director general de la Federación de Cines de España (FECE), que engloba al 90% de las salas, desveló ayer en Bilbao las prácticas abusivas de las 'majors', objeto de una denuncia en 2003 ante el Tribunal de Defensa de la Competencia que se resolverá estos días. «Es la primera vez en Europa que la exhibición denuncia a la distribución».

En concreto, los cines han denunciado a las cinco principales compañías, que a finales de año pueden hacerse con el 70% de la taquilla. Buenavista, Columbia, Fox, Warner y UIP (Paramount, Universal y Dreamworks) les cobran por sus películas un 15% más que en el resto de Europa. Les imponen las salas donde proyectarlas, los tráilers, horarios y precios. Cobran por cada póster y hasta por los 'displays' o expositores de cartón que anuncian próximos títulos en la entrada de los cines. «No podemos ni hacer descuentos, más allá del día del espectador reconocido por la ley. Y surgen situaciones absurdas, como proyectar por obligación una película infantil a las doce de la noche».

Prácticas de oligopolio propias de un cartel, que vulneran la normativa española en materia de libre mercado. ¿Qué un cine quiere echar 'Misión imposible III? Sólo la tendrá si adquiere en el mismo paquete (lote cerrado) alguna comedieta infumable que en EE UU se ha estrenado directamente en vídeo; si se exhibe en salas, la 'major' podrá pedir más cuando la venda a las televisiones. No cabe negociación posible. Todas las distribuidoras obligan a firmar idénticos contratos. Entre ellas se reparten los viernes del año para no pisarse sus estrenos estrella, una unidad que les ha faltado a los exhibidores, máxime cuando desapareció la integración vertical y las distribuidoras dejaron de ser propietarias de las salas.

«Tenemos los mejores y más baratos cines de Europa», presume el presidente de FECE. «En los últimos cinco años se ha hecho una inversión excepcional (1.500 millones de euros) para ofrecer un espectáculo extraordinario a un precio ajustado. Somos un sector tremendamente competitivo entre nosotros que no recibe ni una subvención. Nos nos quedó otra solución que denunciar esa posición de dominio y las prácticas concertadas». Alvero reconoce que se les pasó por la cabeza plantarse ante las 'majors', «pero eso hubiera significado utilizar sus mismas armas».

Para los exhibidores, la Administración está fuera de plano. «No ha actuado ante esa distorsión de la competencia. No ha hecho uso de su potestad y ha dejado indefenso a un sector por desconocimiento de la problemática. Siempre se ha considerado que el dueño de la sala ha sido el malo de la película, que hemos entorpecido el cine español Tópicos». Sin embargo, si tan mal va el sector y el público desciende cada año (en 2005 un 12,5% menos que en 2004), ¿por qué no paran de inaugurarse 'megaplexes' en la periferia, al tiempo que se han vaciado de cines el centro de las ciudades? Ayer mismo, un informe de la Academia del Cine alertaba que, por primera vez desde 1998, el número de pantallas ha descendido: de 4.136 en 2005 a 4.120 en lo que va de año. Los 'multiplexes' (varias pantallas pequeñas en un cine) cierran a favor de los 'megaplexes' (complejos gigantescos en centros comerciales).

Ayuntamientos desleales

«Abrimos salas para generar espectadores», responde el interlocutor oficial con la Administración. ¿Más pantallas para dar lo mismo? «Si 'Misión imposible III' sale con 520 copias, el que no tiene esa película no existe, porque hará el 80% de la taquilla ese fin de semana». Alvero admite que este negocio funciona «por un consumo compulsivo», y que les gustaría que la cartelera fuera más variada. «Pero proyectamos lo que nos dan, no lo que queremos». Y aquí aparece el otro caballo de batalla de los exhibidores, que condenan la cuota de pantalla «por anacrónica e inconstitucional».

No ocurre en ningún otro país de Europa. Desde hace 65 años, en España una de cada cuatro películas exhibidas tiene que ser española o europea, «una medida punitiva para las salas, que con la nueva Ley de Cine puede agravarse, ya que Cataluña pretende establecer una segunda cuota con cine catalán». Y el País Vasco, al tiempo. Colisionan aquí dos concepciones del cine. Para la Administración, un bien cultural a proteger; para los exhibidores una mercancía. «El cine español no es rentable ni interesa al público, los productores han vivido mucho tiempo de las subvenciones», acusa Alvero, feliz de que todas las produccionales nacionales funcionaran como 'Torrente'.

«Con la cuota de pantalla se subvencionan indirectamente películas británicas o francesas, cuando allí no llega nuestro cine; más allá de un par de directores, no tiene ningún interés fuera», lamentan desde FECE, aunque insisten paradójicamente que están «necesitados de apoyar al cine español». La puntilla la pone el acortamiento de la ventana o periodo en que un filme sale en DVD, la piratería y la competencia desleal de Ayuntamientos, que organizan proyecciones gratuitas o a precios simbólicos de estrenos. «Da más votos que crear infraestructuras».



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