Las instituciones comunitarias más genuinas (el Parlamento y la Comisión de la UE) están llevando a término el ejercicio de reflexión que se impuso en Europa tras el 'no' franco-holandés al proyecto de Tratado constitucional de la Unión Europea, pero los problemas políticos por los que atraviesan algunos de los actores principales del club, como Francia e Italia, no permiten anticipar un escenario claro de salida a la crisis, ni mucho menos su calendario.
Ayer concluyó en Bruselas una reunión de dos días, en la que dos centenares y medio de parlamentarios nacionales y de la Eurocámara han intentado redefinir en común el futuro de Europa, extrayendo conclusiones de los acontecimientos vividos en Francia y en Holanda. Y hoy el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, hará públicas las conclusiones a las que ha llegado el colegio de comisarios sobre este mismo tema, tras la reunión monográfica que le dedicó hace un par de semanas, en una localidad próxima a Bruselas.
En el Parlamento, ayer y el lunes, se encontró una víctima para la crisis: la ampliación. Un amplio coro de voces, en el que figuraban Carlos Carnero (PSOE), pero también el polaco Boris Geremek, Lord Hannay of Chiswick, de la Cámara de los Lores británica, y el senador francés Hubert Haenel, hicieron notar a los presentes que existen limitaciones legales a la entrada de nuevos socios en la Europa comunitaria tras la prevista ampliación a Bulgaria y Rumania. El Tratado de Niza, en vigor hasta que no sea sustituido por una formulación jurídica más completa, no da margen para ello. Y Francia, además, ha modificado su Constitución para que, después de la entrada de Croacia en la UE, toda nueva adhesión sea objeto de referéndum en el país. Es la consecuencia de la promesa de Chirac sobre Turquía.
Fronteras
El problema de las fronteras definitivas de la Unión fue el motivo de uno de los cuatro grupos de trabajo en los que los parlamentarios europeos dividieron sus esfuerzos. Los tres restantes se concentraron en la financiación de la UE, la globalización y el modelo económico y social europeo, y la problemática de la seguridad, la libertad y la justicia en la Europa común.
El papel de Europa en el mundo globalizado arrojó intervenciones favorables al esfuerzo común, frente a las tesis en boga de renacionalización de competencias comunitarias.
Michael Roth, ponente del grupo dedicado a estudiar el papel de Europa en el mundo, se declaró firmemente opuesto a la renacionalización de las políticas comunitarias. «No quiero una renacionalización. Europa es, en sí misma, la respuesta a la globalización, Ningún Estado miembro puede confrontarla en solitario», dijo.
Joseph Borrell, el presidente de la Eurocámara, parece sentir algunos apremios. En su presentación de las jornadas, el lunes, se declaró partidario de dejar de reflexionar, y de comenzar a presentar propuestas.
Barroso parece haberle tomado la palabra porque ayer, durante la intervención con la que concluían los debates, el presidente de la Comisión se mostró partidario de reorientar la actividad de las instituciones comunes hacia políticas más próximas a las inquietudes ciudadanas. Citó tres: el paro, la seguridad ciudadana y la acción de la UE en el mundo.
Propuestas
Barroso tiene previsto desvelar hoy las propuestas de la Comisión a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE, que abordará en junio el futuro de la construcción comunitaria. El nudo de esas directrices es una ampliación de los poderes de la Comisión hacia áreas relacionadas con la lucha contra el crimen.
Se trata este de un planteamiento nuevo en Barroso, que centró inicialmente el 'leit motiv' de su mandato al frente de la Comisión en la Agenda de Lisboa para la modernización de la economía europea, con los resultados de todos conocidos.
La actividad del Parlamento y de la Comisión demuestra que la crisis europea no es, precisamente, institucional. Las instituciones, a fin de cuentas, están funcionando.
f.pescador@diario-elcorreo.com