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Miércoles, 10 de mayo de 2006
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valladolid
León: «Tengo todo preparado para que la mano que me acerque el vaso quede impune»
Durante una larga correspondencia por e-mail con este periódico, el artista pentapléjico reivindicó su derecho a la eutanasia
León: «Tengo todo preparado para que la mano que me acerque el vaso quede impune»
PRISIONERO. El pentapléjico vallisoletano, con el dispositivo que le permitía comunicarse. / EDUARDO MARGARETO & ICAL
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«¿Estás dispuesta a publicar algo poco esperanzador? Me enfrento a un constante e irreversible deterioro, tanto físico como mental. No hay nada importante que me espere mañana. Quiero morir». La frase pertenece a Jorge León, el escultor pentapléjico que falleció el pasado jueves en su hogar de Valladolid, pero fue escrita a finales de 2005. Por aquel entonces, él formaba parte de la primera Bienal de Arte Contemporáneo organizada por la Fundación ONCE, y EL CORREO le entrevistó vía mail -León debía 'escribir' mediante soplidos en un adaptador de su ordenador- para realizar un reportaje sobre su obra.

La historia se publicó el pasado 8 de enero bajo el título 'Crear para recrearse', aunque, a partir de ese momento -y ya cumplida la tarea periodística-, continuó la relación epistolar, que duró hasta comienzos de febrero. En ese tiempo, el escultor reflexionó sobre su obra -«Sigo trabajando en la creación artística porque no sé hacer nada mejor»-, pero también sobre su vida y su derecho a morir, «una delicada idea de características polémicas que incide de pleno en el casi unánime tabú de la muerte».

Llevaba seis años padeciendo una invalidez prácticamente absoluta -provocada por un accidente-, y casi los mismos reclamando que se le practicara la eutanasia. No obstante, estaba «so-lo». Anclado a una silla de ruedas, paralizado del cuello hacia abajo y amarrado de por vida a un respirador artificial, la ejecución de su voluntad dependía de la ayuda de alguien. «Una mano amiga que me acerque el vaso», describía él. Una mano que, finalmente, actuó hace cinco días para cumplir su deseo.

Piadosa para algunos, homicida para otros y delictiva para la Ley, la muerte de León es investigada por la Policía -al igual que el contenido del vaso encontrado junto a su cadáver-, aunque predomina, de momento, un silencio cuasi hermético y un clarísimo anonimato. Él estaría complacido, porque, según relató el artista en uno de sus correos, poseía un plan para morir sin que hubiera ningún culpable. En aquel momento era imposible pensar que sus palabras fueran una decisión ya acatada.

LA COMUNICACIÓN

«Tengo un estilo seco y cortante»



Jorge León vivía -y sin quererlo- una realidad dramática y cruel: su cuerpo se deterioraba sin remedio en una silla, mientras él comprendía todo el proceso en su cabeza. Estaba lúcido, sí. Y embargado por la impotencia. Sus condiciones eran «nefastas», pero no le impidieron manifestarse. Pudo 'dialogar' por e-mail y hasta crear un 'blog' en Internet, donde periódicamente describía la amargura de la pentaplejia y reivindicaba la legalización de la eutanasia. Todo ello, por supuesto, con muchísima dificultad.

«Mi tiempo 'activo' es tan escaso y mi sistema de escritura tan precario, que tengo que economizar la expresión hasta extremos de llegar a un estilo seco cortante. No lo tomes demasiado en serio», advirtió en una de sus primeras cartas. Y decía la verdad. Su 'estilo' -de redacción y de pensamiento- era, cuando menos, rotundo y radical.

«Hoy en día, el ordenador se ha convertido en una extraordinaria herramienta para la comunicación y la rehabilitación mental», explicaba el escultor. Y detallaba: «Mi teclado de pantalla es un 'Key Strokes' con predicción de palabras. Cada soplo, una letra; casi la eficacia de escribir con un sólo dedo ». Ironía. Si para cualquiera eso resultaría «frustrante», para él, que era artista plástico, resultaba devastador: «Nada que ver con aquella extraordinaria relación mano-cabeza-cuerpo del arte físico o material» que León poseía antes del accidente que le postró en la silla, aquella caída que ocurrió durante una comida familiar mientras jugaba con su sobrina.

LA DIFUSIÓN

«Cualquier espacio me sirve»



«La vida es breve y la mía es cuestión de casi nada», advertía en otra de sus cartas. «No estoy para mantener asépticas y correctas relaciones en tiempo indefinido, de modo que el trato conmigo no puede ser fácil ni bonito», aseguraba. De hecho, Jorge León se molestó tras la publicación del reportaje de enero porque tenía un «mensaje positivo bien patente» que no se ajustaba a su manera de ver las cosas: «Estoy en la Bienal de la ONCE sin ganas, por corresponder a dos personas y no tener que dar enojosas e inoportunas explicaciones», confesó.

-¿Y por qué accedió, entonces, a que le hiciéramos una entrevista?

-Muy sencillo. Como puedes ver en el 'blog', tengo un lado 'guerrero' que había ido arrinconando hasta el accidente. Después de él, me encuentro con la prioridad de airear reivindicativamente un tema capital: el derecho a la eutanasia. Y, de paso, ir dando caña a todo tipo de positivismo allí donde encontrara pretexto o plataforma, por escrito y controlándolo yo. Es decir, tu oferta de entrevistarme.

El artículo de la Bienal versaba sobre arte, pero después de esta respuesta, todo el 'diálogo' cambió. El tema central se transformó en la muerte, aunque para él, claro, lo había sido desde el principio. Cualquier espacio en un medio -«por pequeñito que sea» en extensión- resultaría útil a su propósito.

EL REALISMO

«No puedo con todo y es frustrante»



«Acabo de llegar al ordenador, tan flojo que no me pongo ni a mirar el correo ni a leer el periódico. Me enteraría de la mitad. Te escribo despacito mientras voy cogiendo tono». Jorge León no tenía reparo alguno en detallar su situación. Fuera cual fuera ese día. Quizás pensaba que, de ese modo, sería más sencillo poner al otro en su lugar.

«Prueba a escribir, si eres diestra, tecleando con el meñique de la mano izquierda, parando tres o cuatro veces por cada línea, con la concentración como al 60% de lo habitual y la memoria al 50%. Esto es lo que rindo estando muy bien -enumeraba como ejemplo-. Ahora calcula que mantengo cierto volumen de correspondencia regular, que leo, estudio y escribo mis cosas y que las horas se me van. Obviamente, no puedo con todo y eso es muy frustrante. Añade que, cada dos por tres, los mocos y las infecciones llegan a rebajar casi a cero esa actividad».

La degradación de su cuerpo era un hecho innegable y evidente. Al igual que su susceptibilidad: «Con la cantidad de cosas bellas o de interés que hay alrededor, ¿no me desees un anodino día bonito!», protestó una vez, refrendando que las relaciones con él jamás podrían ser sencillas ni 'correctas'. «Con que me desees una tarde sin mocos tengo suficiente». Pero su protesta, por supuesto, iba mucho más allá.

LA SINCERIDAD

«Es complicado organizar la muerte»



-¿De verdad quiere morir?

-Sí, quiero.

-¿Y si mañana ocurriera algo importante o conociera a alguien valioso?

-No hay nada importante que me espere mañana. En mi balanza, el sufrimiento diario no compensa la alegría de los nuevos contactos. y quien diga que puedo aportar mucho, que venga aquí a cuidarme y mantenerme Porque la guinda de la tarta está en que mis gastos superan mi pensión, y mis reservas están a punto de agotarse. Conozco el mercado del arte y ni soñar con mantenerme vendiendo lo que hago.

Era 5 de enero y, tras su respuesta, añadió: «Ya en estas te lo digo sin rodeos: tengo todo preparado para que la mano que me acerque el vaso quede completamente impune, pero no tengo esa mano y la necesito en un plazo de dos o tres meses». Un plan para morir. «Es muy complicado de organizar, no hay que fiarse de los correos ni de los teléfonos. Los hilos hay que moverlos con suma delicadeza, sin dejar pistas o dando pistas falsas, empezando por sortear a la gente de la casa», decía. Y sentenció: «En una vida de equivocaciones, hasta de las formas de caer elegí la peor. Pero, claro, según los demás debería estar contento de no haber muerto del todo».



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