El 10 de marzo de 2001, Armin Meiwes, un introvertido ex oficial del Ejército alemán y experto en ordenadores, pudo dar rienda suelta a las fantasías que acumulaba desde la niñez y en la soledad de su casa de Rotemburg mató, descuartizó y posteriormente devoró parcialmente a su víctima, un ingeniero berlinés que había acudido a la cita consciente del desenlace.
Más de cinco después años de un asesinato que estremeció al mundo entero, y en un juicio de apelación, el Tribunal Supremo alemán condenó ayer a cadena perpetua al famoso 'caníbal de Rotemburg', al que encontró culpable de un delito de asesinato. «Fue una muerte extremadamente perversa», concluyó el juez al leer la sentencia.
Un pacto mortal
Desde que la Policía encontró en su congelador los restos del ingeniero electrónico berlinés Bernd-Jürgen Brandes, Meiwes siempre admitió que le mató y comió su carne, pero también sostuvo su inocencia del delito de asesinato y arguyó que sólo podía ser castigado por el de homicidio por petición. En el primer juicio que se inició en diciembre de 2003, Meiwes repitió a lo largo de tres meses que él no había asesinado a su víctima, con la que contactó a través de Internet y pactó los detalles del macabro ritual que le llevó a la muerte. «Yo le ayudé a morir», insistió el caníbal. «Mi amigo deseaba la muerte y disfrutó mientras agonizaba».
La fiscalía en cambio, sostuvo que Meiwes había asesinado a Brandes para satisfacer una oscura perversión sexual, un delito que debía ser castigado con la máxima pena. «La personalidad de su víctima nunca le interesó y sólo la utilizó como un juguete para satisfacer sus deseos sexuales. Cuando descuartizó y destripó el cadáver, Meiwes grabó un vídeo que utilizaba para masturbarse», alegó la fiscalía.
En enero de 2004, Meiwes fue encontrado culpable de un delito de homicidio -el canibalismo no está contemplado en el código penal alemán- y condenado a una pena de ocho años y medio de cárcel. La sentencia escandalizó al país y la fiscalía apeló con éxito ante el Tribunal Supremo para pedir la revisión del proceso.
En el segundo proceso, que culminó ayer, el juez dio la razón a la fiscalía. Antes de condenar a Meiwes a cadena perpetua, destacó que el caníbal había asesinado a su víctima para satisfacer sus más bajos instintos. También le consideró culpable de incurrir en el delito de profanación de un cadáver. «Comer los restos de un muerto es el equivalente a comparar a un ser humano con un animal», dijo el magistrado.