Lo certificó como todos sus logros en el presente curso; con sufrimiento y la carne de gallina. El tercer cajón de la parrilla de salida, como mínimo, quedó asegurado ayer. Será azulgrana. Ventaja de campo en los cuartos y, en el supuesto de clasificación, la semifinal. Este billete de Primera se selló anoche frente a un Llanera Menorca más incisivo de lo previsto. Tanto batalló que la impresión del pase se demoró hasta los últimos 34 segundos del encuentro. Cuando las riadas hacia el párking se agrandaban, Scola acertó desde la línea de tiros libres. Dos lanzó. Ambos encestó. 84-80. Pulsaciones en descenso. El 'bronce' de la fase regular en el bolsillo.
Si el domingo es capaz de descerrajar el Palau Blaugrana -este año siempre ha salido victorioso de sus duelos con los 'culés'-, aún escalaría un puesto más en la tabla. De tercero a segundo. De tener enfrente al peligrosísimo Real Madrid a intentar domar a un Akasvayu Girona demasiado manso hasta la fecha. Los retos se agolpan en el buzón vitoriano.
Porque no queda ahí la cosa. La agonizante Liga regular todavía depara otra emoción extra al Baskonia. Hoy mismo podría ser agraciado con un auténtico premio gordo. Si el Barcelona cayese frente al emergente DKV Joventut, el trienio sería un hecho. Tres años de estabilidad económica. Tres años de nuevo entre los mejores del continente. Tres años para soñar despierto con romper una vez más los esquemas. Si la quiniela deparase un 'dos', entonces el propio TAU debería completar el trabajo el domingo en el Palau. Imposible aburrirse.
Vuelve Splitter
Aunque ayer, precisamente no fue de esos partidos que le levantan a uno del asiento. Más bien todo lo contrario. El apabullante inicio alavés y el taquicárdico final concentraron las únicas ráfagas para el recuerdo. Eso, la reconciliación -parece que definitiva- entre Drobnjak y su público más la vuelta de Splitter. Todo lo demás pertenece a la intrahistoria de la ACB.
Y es que ese arrollador despegue vitoriano invitó al optimismo más desaforado. Firme en sus dominios, vivo en la recuperación aplastó durante los primeros minutos a un Menorca preso del miedo escénico (12-2, minuto 4). Un calco del compromiso del pasado domingo ante el Caja San Fernando.
Tan bien le iba que, antes de finiquitar el cuarto de estreno, todos los jugadores del banquillo salvo Grimau habían probado la dureza del firme. El Baskonia se gustaba. Y el oponente miraba a Mahón, donde el domingo le aguarda un todo o nada con el Manresa.
Sin embargo, no quiso irse sin dejar algún destello. Este aviso, con Reynés y Yáñez de estandartes, obligó a 'Peras' a repescar a sus activos más sólidos; Prigioni y Scola. Y, gracias a un 11-0 elaborado con una facilidad pasmosa, volvió a poner tierra de por medio (48-31 al descanso).
Condescendiente
No obstante, el TAU pecó de condescendiente en la reanudación. Se le vio incluso reservón. Laxo en sus dominios contra un oponente que avanzaba palmo a palmo. Sigiloso. Además apeló a una zona 1-3-1 que marcaría el resto de encuentro.
Ante el bosque de brazos que había enfrente, al Baskonia le resultó imposible meter algún balón interior. Así que se encomendó al lanzamiento exterior. Este recurso, que otras veces tantas alegrías reportó, le dio la espalda en esta ocasión. Volaba el balón desde la línea de 6,25. Cambiaba el protagonista. La mayoría de las ocasiones sin un rival cerca. Pero sin el éxito apetecido. Agua, agua, agua...
En éstas, se entró en el minuto definitivo. Con el aguerrido Menorca colgado del cuello azulgrana (82-80). Tensión máxima. La tercera plaza entre interrogantes. Ahí tiró de raza el Baskonia. Una vez más. Kornegay cometió la quinta sobre la peor amenaza. Scola a la línea de 5,20 metros. Doble acierto. Distancia de protección. Y el 'bronce' asegurado. Como mínimo.
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