 LA JOYA. El capitán sevillista, Javi Navarro, y sus compañeros estallan de júbilo al alzar el trofeo. / AP |
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| MIDDLESBROUGH 0 - SEVILLA 4 |
Middlesbrough: Schwarzer; Parnaby, Riggott, Southgate, Queudrue (Yakubu, m. 70); Morrisson (Maccarone, m. 46), Boateng, Rochenback, Downing; Hasselbaink y Viduka (Caltermole, m. 85).
Sevilla: Palop; Alves, Javi Navarro, Escudé, David; Navas, Maresca, Martí, Adriano (Puerta, m. 85); Saviola (Kanouté, m. 46) y Luis Fabiano (Renato, m. 71).
Goles: 0-1, m. 26. Luis Fabiano cabecea picado un gran centro de Alves. 0-2, m. 77. Maresca aprovecha un rechace del portero. 0-3, m. 83. Maresca de zurdazo desde el borde del área. 0-4, m. 89. Kanouté remacha desde cerca un despeje del portero.
Árbitro: Herbert Fandel, alemán. Amonestó a Alves por el Sevilla y a Rochemback por el Middlesbrough |
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El Sevilla se dio ayer un histórico festín europeo para zanjar su deuda de 58 años con los títulos y reclamar un hueco en el selecto palmarés continental. La Copa de la UEFA tomó partido por el completo fútbol andaluz y castigó con dureza al discreto Middlesbrough, fiel prototipo inglés de la entrega y escasez de recursos técnicos. Y aunque el 0-4, fraguado en un frenético tramo final, se antojó excesivo tras una segunda parte de sufrimiento para la escuadra hispalense, la diferencia de calibre resultó evidente.
En un duelo entre novatos en finales europeas, sólo el Middlesbrough saltó al campo con la L. El Sevilla aceleró desde el principio. Y es que el conjunto dirigido por Juande Ramos ha transitado ya por tantas autopistas nacionales e internacionales que es capaz de conducir en cualquier situación. Tan fácil dibuja curvas de buen gusto futbolístico como derrapa sin salirse de la carretera cuando el partido demanda adherencia y cohesión. Es un colectivo rocoso, sin apenas fisuras.
Luis Fabiano golpea
Kanouté no llegó a tiempo para el once inicial, pero el Sevilla reclamó para la causa a Luis Fabiano. Tal es su repertorio. Y el brasileño, cuestionado en Nervión durante toda la temporada, respondió de largo. Se asoció con Saviola, conectó con Adriano y aguardó la llegada de otro brasileño, el sobresaliente Alves, para reventar la final. La abrumadora precisión de uno de los mejores laterales de la Liga enlazó con el milimétrico cabezazo de Luis Fabiano. A Schwarzer, portero de la selección australiana, apenas le dio para admirar la ejecución sevillista.
Era el Middlesbrough hasta entonces y lo fue en toda la primera parte un grupo deslumbrado por los focos. La tropa del futuro seleccionador inglés, Steve McClaren, ni sabía ni podía. Con dos pescadores de remates en el área, Hasselbaink y Viduka, y ninguna caña adecuada para alcanzar el área. La solidez sevillista -defensa lejos de Palop y presión adelantada- provocaba un ritmo imposible para los ingleses. El que pudo detonar el duelo en los primeros minutos. Antes del primer gol, el central Riggot abortó dos llegadas muy claras de los sevillistas y recordó que existía un adversario.
El mismo equipo de las remontadas inverosímiles ante Basilea y Steaua no había comparecido. Lo hizo después, a golpe de intensidad y delanteros en el campo. Ya con el talismán Maccarone, que esta vez sólo amagó. Sin abandonar su gran recurso -balones largos, faltas y córners-, pero con ese segundo aire para buscar los rechaces y, esta vez sí, empujar de firme al Sevilla. Con dos tractores como medios centros -Boateng y Rochemback- y escasas noticias de Downing, el prometedor extremo zurdo del Boro.
Resultaron en cualquier caso minutos de zozobra sevillista. Sin capacidad para aguantar la pelota y concediendo ritmo de juego al Middlesbrough. Que es tanto como ofrecerle oportunidades. La más clara en botas de Viduka que Palop repelió con las piernas.
Maresca resuelve
Y en tiempo de problemas emergió el contragolpe y la llegada de Maresca. El centrocampista italiano, un auténtico medidor de tiempos futbolísticos, siguió la jugada hasta el límite y tras el remate de Kanouté dinamitó la final en el rechace con el segundo tanto. Estalló Sevilla, respiró Juande Ramos y decidió el colectivo andaluz tocar a rebato ante el desorientado Middlesbrough.
Con la efectividad que le había faltado en una primera parte casi ejemplar, la escuadra sevillista se encargó de aumentar la cuenta hasta el éxtasis. De nuevo Maresca en un zapatazo cruzado y finalmente Kanouté, tras otro rechace del extenuado Schwarzer, redondearon una jornada para el álbum de recuerdos. Porque ganar, convencer y golear en la final de la Copa de la UEFA es el sueño de cualquiera.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com