Entre la vida y la muerte de Zacarías Musaui, el único condenado en relación a los atentados del 11-S, sólo se interpuso el voto de un miembro del jurado, suficiente para romper la unanimidad necesaria para recibir la pena capital.
Durante la semana de deliberaciones no hubo grandes desacuerdos. Aparentemente, todos estaban convencidos de que la complicidad de Musaui propició la muerte de las casi 3.000 personas que perecieron ese día de 2001, pero a la hora de votar en secreto, alguien que nunca dio la cara opinó lo contrario.
Así se lo contó la portavoz del jurado, compuesto por doce hombres y mujeres, a una reportera del diario 'The Washington Post' que había cubierto el proceso. «Me siento frustrada», le dijo, «porque creo que se nos ha engañado con el anonimato de quien votó 'no'. Nunca sabremos sus razones. Nunca podremos escrutar sus motivos a la luz de las pruebas, los hechos y la ley».
Una y otra vez el jurado trató de discutir las distintas posibilidades, pero como nadie dio la cara no era fácil rebatir sus argumentos o convencer al desconocido de lo contrario. Los pros y los contras de cada teoría se trataron a ciegas y con suposiciones, con la esperanza de atinar con los pensamientos del disidente.
En realidad ocurrió lo contrario. El jurado tenía que pronunciarse sobre tres cargos de terrorismo, y la unanimidad en cualquiera de ellos habría acarreado automáticamente la pena de muerte. En una de estas imputaciones el resultado durante toda la semana fue de 11 a 1, pero en los otros dos el disidente encontró un nuevo adepto para el cómputo final, que quedó en 10 a 2.
«Astuto y manipulador»
'The Washington Post' entrevistó de forma anónima a otro miembro del jurado que votó en contra, convencido éste de que el papel del acusado, de 37 años, en los atentados fue insignificante. Lo que ninguno de ellos tuvo en cuenta fue la posible enfermedad mental que argumentaron sus desesperados abogados al final del proceso, una vez que Musaui destruyese todas sus estrategias al testificar voluntariamente. Más bien le consideraron «inteligente, listo, astuto y gran manipulador», dijo la maestra que dirigió al jurado.