Los restos mortales del ejecutivo arnedano Ángel Jiménez Hernández, de 56 años, cuyo cadáver fue encontrado el martes con signos de violencia en la vivienda que ocupaba en una céntrica calle de la ciudad de Buenos Aires, serán enterrados en su ciudad natal, Arnedo, según confirmó ayer a este diario el alcalde de la misma, Juan Antonio Abad.
Jiménez Hernández, director general de Finanzas Corporativas de la compañía Telefónica Argentina, presentaba -al menos- cuatro heridas de arma blanca en el abdomen. Su cuerpo fue descubierto sobre la cama del dormitorio principal por una empleada del hogar que, al entrar en el domicilio, cuya cerradura no había sido forzada, observó cómo el mobiliario y los objetos habían sido revueltos. El edificio, situado en la avenida del Libertador, está dotado de estrictas medidas de seguridad, con cámaras y guardias que vigilan los accesos.
Ángel Jiménez, ingeniero de Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Madrid y graduado en Economía por la Business School IESE, en Barcelona, residía en Buenos Aires desde 2002. Y hacia allí partieron en la mañana del jueves una hermana de la víctima, que trabaja como docente en un colegio de Logroño, y otro hermano, economista, que reside en Madrid.
El objetivo, refería el alcalde de la Corporación arnedana, no es otro que el de identificar el cadáver del familiar y a partir de ese instante agilizar al máximo el traslado de sus restos mortales a España, y más concretamente a Arnedo, donde recibirán sepultura. No obstante, los familiares de Jiménez Hernández no han decidido todavía si definitivamente optarán por la incineración del cadáver, opción que más se baraja en estos momentos.
Ángel Jiménez Hernández es el mayor de cuatro hermanos, dos chicos y dos chicas, todos ellos solteros. En Arnedo, concretamente, vive una hermana del fallecido que fue responsable de Recursos Humanos de una gran empresa catalana y que ahora cuida de su madre, una mujer de salud delicada.
Pese a viajar a Arnedo en muy esporádicas ocasiones, casi siempre para visitar a su madre aprovechando alguna fiesta, Ángel mantenía en la localidad sus amigos de juventud e infancia.