La semana se ha hecho muy larga, interminable. No es de extrañar. Su último escalón conduce hoy al Lagun Aro a una cita con su futuro, con la supervivencia en el paraíso de la ACB. Mucho más que un partido de baloncesto. La cita es con la continuidad de un sueño hecho realidad. Se ha tratado con buen criterio de proteger al equipo, de minimizar la presión que, a la hora de la verdad, caerá sobre sus espaldas. La venda no oculta la complejidad que conllevaría retornar al purgatorio de la LEB para buscar un retorno inmediato. El mismo que en su día atisbaron cegados por su decepción equipos como León, Murcia, Cantabria, Gijón, Ourense, el mismo Cai Zaragoza... todos siguen en el túnel. El hoyo al que el Bilbao Basket se ha acercado demasiado.
Sólo una maldita carambola puede propiciar tan mayúscula frustración. Para no pensar en su posibilidad, el Lagun Aro tiene que ganar esta tarde al Pamesa Valencia. La coletilla de «como sea» ha estado y está en boca de todo el mundo. Mejor que de cualquier modo es jugando bien, de-fendiendo al límite -y un poquito más allá- y no asumiendo na-die la condición de príncipe azul. En La Casilla no habrá bellas da-miselas a las que salvar del peligro. Debe existir el compromiso de un grupo involucrado en una causa cuya resolución ha quedado pendiente para la última jornada.
Salvación. Rotunda palabra. Quienes se hagan con ella tendrán tiempo sobrado -si no les toca un viajecillo por la tierra de los mariachis- para explicarse por qué ha hecho falta sufrir hasta el final. Sobrevivir en la ACB no ha sido fácil para nadie. Ha querido el destino que al Lagun Aro le toque una parada en el purgatorio en la campaña más reñida que se recuerda. Tanto que a falta de 40 minutos para entonar el final feliz de los vizcaínos, hay cinco equipos implicados en las dos plazas del descenso. El capricho ha querido que el morbo sea insuperable al medirse cuatro de ellos entre sí (Llanera Menorca-Ricoh Manresa y Fórum Valladolid-Leche Río Breogán). Aunque son citas en las que también se juegan los cuartos Vidorreta y sus hombres, ni pío. «Tenemos que ganar nuestro partido». La consigna la firma con sangre toda la plantilla.
Plegarias y rogatorias
El ambiente será el habitual. Quizá quedara mejor colocado 'el de las grandes citas'. Pero, ¿cuál no lo es en la ACB? Más en el caso bilbaíno, en el del segundo equipo de una ciudad, una provincia, que han multiplicado sus plegarias y rogatorias para algo tan terrenal como el «virgencita, que me quede como estoy». Lleno hasta las cartolas en el pabellón que en poco tiempo dejará de serlo. Corazones zurcidos después de no pocas heridas de guerra. La última, la del Breogán, aún duele. Los optimistas sacan pecho tragándose las lágrimas. «Señal de que seguimos vivos», piensan. Quienes se definen como más escépticos se apuntan a las leyes de Murphy para pensar en que lo malo está por llegar. A esos, ni caso.
Hasta la propia ACB está entregada a lo que ocurre en su vagón de cola, que ha contado este año con 'overbooking' e inquilinos de todo pelaje y condición. Queda por definir el orden de no pocas plazas cabeceras y la identidad del octavo pasajero en el crucero por el título. No es noticia. No tanto como la agonía de los necesitados, como el drama que hoy se vivirá en el pabellón Pisuerga entre un Fórum que costará trabajo llamarlo de otra manera y un Breogán que a golpe de superar muertes súbitas ha llegado con algo parecido a unas inconstantes vitales a la última etapa de su viaje sin destino conocido. O como el orgullo balear enfrentado a la tradición manresana. Sólo si ganaran los menos favoritos, el Bilbao Basket podría sudar tinta en sus instantes finales en caso de no dominar el luminoso.
La interminable semana ha conllevado sustos. La tendinitis de Stefanovic, un problema lumbar de Rancik... nada que no cure un partido de esta magnitud. La terapia ha variado en relación en lo precedente. La consigna se ha fundamentado en primar lo positivo, en no incidir en los fallos o errores. A base de buena voluntad, palabras de aliento y convicción, la motivación ha recobrado su ser. Es total en las filas rojillas. Todos quieren aportar. No hay deserciones. Que tampoco las haya con la bola ya en el aire en forma de veleidades individuales.
Distintas ambiciones
Que la jornada sea festiva dependerá, en gran medida, de que así lo quieran los protagonistas de una película con tintes de aventuras que ha derivado en un guión de suspense. El Pamesa Valencia es un mal invitado para una tarde tan fundamental. Pero que los taronjas de Ricard Casas no dependan de sí mismos no juega en contra del Lagun Aro. La filtración del resultado del Etosa-Estudiantes, si es favorable a los madrileños, podría desarmar moralmente a los levantinos. Dicen, mediante su director deportivo Johnny Rogers, que los del 'botxo' se juegan más. Es cuestión de prioridades. Lo que sí tienen los de Vidorreta es muchas más posibilidades de salirse con la suya. A los de La Fonteta sólo les vale ganar, rezar y que no se imponga en su duelo el Adecco. Los inquilinos de La Casilla, por poder, podrían seguir en la ACB incluso perdiendo. Hay una gran diferencia en la calidad de ambas ambiciones; también en el porcentaje de que se conviertan en realidad.
Quedan 40 minutos de temporada. No hay asientos libres. Ni en las gradas, ni en la ACB. Pero hay que hacer sitio para los dos próximos vecinos. Es lo que tiene esta comunidad. Los alquileres son revisables anualmente y a algunos no les llega para pagarlos. Un último impulso y el Lagun Aro superará las tablas rotas del rellano. Dejará atrás su primera pesadilla en la ACB. Lo mejor que podría pasar es que sólo haya sido eso.