Hace tiempo que se dio por vencido. Pidió y logró irse cedido en diciembre de 2004. Reclamó lo mismo en junio y diciembre de esta temporada, pero le dijeron que siguiera, que contaban con él. Con dos partidos de titular en todo el curso, Endika Bordas prepara el petate. «Ya busco equipo». El único recuerdo agradable de la campaña es Mestalla, donde jugó un gran encuentro. Hizo temblar a Aimar, quien llegó a preguntarle si pensaba pasarse toda la tarde detrás suyo. Clemente, que dice sentir debilidad por los futbolistas fogosos, no apreció su rendimiento. Una titularidad más, en Copa en el Bernabéu, y despedida de las convocatorias.
-Acaba contrato el 30 de junio. ¿Tiene alguna noticia del club?
-No me han dicho nada, así que supongo que no me ofrecerán la renovación. Doy por hecho que no sigo. De todas formas, no me parece normal este trato.
-¿Por qué?
-Llevo en el club trece años. No puede ser que con más de media vida aquí nadie se acerque a ti a decirte que no sigues. Te dicen que hay que sentir los colores y se les llena la boca con lo de que la gente tiene que salir del club por la puerta grande, pero a la hora de la verdad te llevas el tremendo desengaño de que son incapaces de decir nada. Voy a citarlo porque se lo merece. El único que se ha preocupado por mí es el directivo Félix Izquierdo. Cada vez que me ve, se acerca y me pregunta cómo van las cosas. Los demás directivos y técnicos del club, ni palabra.
-¿Ni Clemente, tan claro como tiene que va a seguir?
-No me ha dicho nada. No hablo con él de esto.
-¿Cómo analiza sus tres años en el primer equipo?
-Muy raros. He jugado un buen partido cada temporada completa que he estado. En la primera temporada, con Valverde, fue el 2-1 ante el Sevilla. Salí a los 16 minutos por Orbaiz, que se había lesionado. Creo que cumplí y así lo dijo todo el mundo. La segunda campaña no me dio ni tiempo, porque me fui en diciembre cedido al Terrassa. Este año jugué en Valencia, en donde me cayó el marrón de hacer un marcaje al hombre a Aimar. Hubo periódicos, como el vuestro, que dijeron que fui el mejor. ¿Para qué me valió? Para jugar 30 minutos ante el Deportivo y la vuelta de la Copa en Madrid, cuando se daba la eliminatoria por perdida. Veo que otros futbolistas juegan veinte o treinta partidos antes de madurar y a mí ni se me han dado dos partidos seguidos en tres años. ¿Qué voy a demostrar con un partido por temporada? Esa es mi pena, que me voy a ir sin que San Mamés sepa cómo juego, si valgo o no.
-Recordaba su partido de Mestalla. Hizo lo que se le pidió, pero Clemente no le recompensó. ¿Ha sido injusto con usted?
-No es el tema. No me ha dado explicaciones. No se ha dirigido a mí para nada. Sólo me quedó callar y seguir trabajando.
-Vamos, que le ha faltado un empujón.
-Ninguno de los tres entrenadores que he tenido me lo ha dado. Ésa es la pena y la rabia que me llevo.
-¿Tres temporadas perdidas?
-Aprender, he aprendido. Más que perdidas han sido un lastre para mi carrera. En junio quise irme, y no me dejaron. En diciembre, volví a pedir que me dejaran salir, y tampoco me dejaron. Le pregunta es ¿para qué me querían aquí? ¿Confían en mí y no me ponen?
-La cesión al Terrassa, en Segunda A, cambió su modo de ver el mundo del fútbol.
-Desde luego. En Lezama me dijeron que iba allí porque no había medios centros y llegué y me encontré con siete. Aún así, me hice con un sitio y tuve continuidad. Pensaba que esto era lo más y resulta que allí tuve un recibimiento espectacular. Un detalle: llegué un 3 de marzo y el 8, que era mi cumpleaños, Ismael (un compañero que jugó en el Racing) me estaba abriendo las puertas de mi casa para organizar una fiesta por mi cumpleaños. Esos cuatro meses en Terrassa me permitieron jugar y ganar confianza. Cambiaron mi forma de ver el fútbol.
-¿Le gustaría que le permitieran despedirse de San Mamés en el partido ante el Barcelona?
-Estaría bien, pero sin más. Más que nada por jugar ante el Barcelona.
-¿Ha mantenido contactos con algún club?
-Se escucha que algunos me quieren, pero aún no me he movido. Lo que priorizo, más que la categoría, es jugar.