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Domingo, 14 de mayo de 2006
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OPINIÓN/Circo primitivo
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Siempre he pensado que Latinoamérica se merecía dos cosas: el reconocimiento de su derecho a equivocarse y el exterminio de todos sus líderes, los de izquierda y los de derecha. Nada de lo que allá ocurre me deja indiferente: me produce rabia o ternura de forma intermitente, y siempre dolor cuando me fijo en mis queridos peladitos. Hasta ahora sentía allí, como en una cuarentena, al otro lado del Atlántico, y la consternación me transportaba a la rabia cuando me despertaba con la voz de un locutor que animaba a sus paisanos a recobrar su aspecto humano después de su última noche en hamaca o recomendaba prudencia en el 'manejo' (la manera de conducir) cuando una pequeña motocicleta llegaba a transportar a los miembros de una familia numerosa. Un pariente pobre es siempre un pariente lejano, decía D'Houdetot. Ahora el dolor me sobrecoge al asomarme a la ventana y observar invariablemente a muchos de ellos en mi mundo, empeñados en descubrir, detrás de trabajos vejatorios o mal pagados, extrañados de su familia y de su gente, no sé qué inaudita y desde luego absurda tierra prometida. No los quieren en su país y los tememos en el nuestro.

De modo que el circo primitivo de estos días ha habido que salvarlo con el culo esculpido de la argentina militante de Greenpeace que irrumpió en la cumbre clamando contra las papeleras. Rendidos los buenos modales, abrazamos una pícara estética machista. Absolutamente decorativa y hasta despampanante, pero lejos de lo que debiera representar la estética de un pueblo oprimido y la expresión de sus indígenas portando a sus hijos hambrientos encima como canguros humanos, enredados en sus mantas multicolores. No hay duda de que un populismo chulesco se está apoderando de este dulce submundo, donde el trópico hace que las cosas emerjan enormes: las injusticias, el hambre, las calamidades humanes, las catástrofes, los déspotas, los vendedores de humo y hasta la paciencia.

En cuando a la inseguridad jurídica, que tanto nos trastorna a los propietarios del primer mundo que vivimos en el primero y a la que se apela ante el primitivismo y la esencialidad de sus nacionalizadores -estoy pensando en Evo Morales y los hidrocarburos-, convendría recordar que de poco ha servido nuestra administración de esos ingentes recursos para sacar a sus legítimos dueños de la miseria. Y siendo así, resulta fácil entender que se dejen guiar por el primer fantoche que llega y les promete mierda para todos. El que está abajo no ha de temer la caída. Latinoamérica está rota, y son más agresivos porque están más necesitados. Pero también lo está Europa y nos parece un factor de progreso. Los despreciamos porque en nuestro mundo la necesidad es un defecto.

j.l.penalva@diario-elcorreo.com



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