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Domingo, 14 de mayo de 2006
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POLÍTICA
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OPINIÓN/Partido pujaltizado
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Esta semana han hecho su agosto las tiendas de todo a 100, reconvertidas por mor de la convergencia europea en locales que anuncian sus mercancías al reclamo de todo a 0,60 ó, efectos del maldito redondeo, todo a un euro. Al menos en Madrid. ¿Tiene disfraces de sheriff? ¿Sí?, pues póngame unos cincuenta, que tenemos que protestar en la Asamblea de Madrid contra el ministro Alonso. Si ahora mismo no tiene tantos también me sirven los de policía: basta con que incluyan un par de esposas. Ya me imagino a las y los diputados populares abriendo en la sede de Génova los packs, haciendo risas, seleccionando los grilletes y dejando a un lado las estrellas de marshal, los sombreros de cow-boy, las insignias de policía y las pistolas con sus cartucheras.

El jueves pasado, tanto en la Asamblea de Madrid como en el Congreso de los Diputados, el Partido Popular ha actuado como una fuerza extraparlamentaria, incluso antisistema. A Martínez Pujalte tan sólo le faltó arrojar unas esposas sobre el escaño del ministro Alonso mientras abandonaba el hemiciclo. El PP está pujaltizado, ¿quién lo despujaltizará? El despujaltizador que lo despujaltice buen despujaltizador será. Pero, con ser grave, no es lo más grave. Al fin y al cabo Pujalte no es más que un tonto con iniciativa y el alcance de sus tonterías no va más allá de los límites que sus jefes de fila pongan a sus grotescas iniciativas. Desgraciadamente no existen tales límites. Así lo demuestra el comportamiento del portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, aproximándose a la presidencia de la Cámara hasta situarse en las mismas espaldas de Manuel Marín y obligándole a este a pedir a un ujier de la Cámara que lo acompañara de vuelta a su escaño. No, el PP no está pujaltizado, lo que está es zaplanizado: ¿quién lo deszaplanizará?...

Pero, de nuevo, Zaplana no es el auténtico problema del PP, pues no es el líder del partido. La ausencia de Mariano Rajoy en el Congreso mientras los suyos montaban gresca es símbolo de una ausencia más profunda. Pujaltizado, zaplanizado, aznarizado, jiménezlosantosizado...; lo único que no puede decirse del PP es que esté rajoizado (ni siquiera sé como escribirlo). Y esto es algo demoledor para la democracia española.

Tres son los consensos posibles en una sociedad democrática: a) un consenso básico en torno a valores fundamentales que estructuran un sistema colectivo de creencias; b) un consenso procedimental, sobre las reglas de juego para solucionar los conflictos; y c) un consenso político, sobre gobiernos y políticas concretas. El consenso básico puede facilitar la democracia, pero no es una condición necesaria para la misma. Es un consenso que la democracia puede conquistar como producto final. En cambio, el consenso procedimental es un verdadero prerrequisito de la democracia.

Si creen que es así como se construye una sociedad democrática se equivocan totalmente. Con las instituciones no se juega. Ni siquiera cuando pensamos que otros lo hacen. Ya deberíamos haberlo aprendido. i.zubero@diario-elcorreo.com



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