Es el momento del año en el que familiares y amigos llaman pidiendo consejo sobre dónde enviar a sus hijos para aprender inglés. ¿A un internado? ¿Con una familia muy rara? ¿En Londres? ¿Habrá allí muchos españoles y la criatura no aprenderá nada? ¿Y en Irlanda, que es más remota, aunque a veces parezca un barrio importante de Bermeo?
El nuestro se llenará pronto de jóvenes españoles que estudian en el College del vecindario. Es fácil identificarlos cuando van en grupo. Cuando vivimos cerca de la boca del metro de Earl's Court, voces nocturnas de la calle solían a veces desvelarnos. Eran indefectiblemente españoles o italianos. Hablaban en voz alta porque hablaban todos a la vez.
Un periodista inglés que vivió en España me dijo un día que el principal problema del país es que nadie escucha. A la vecina de un amigo en Finchley Road le alegraban sin embargo las visitas de españoles al piso del cuarto porque al fin había en la casa ruido de voces humanas.
Pero a los padres les preocupan menos sus costumbres ancestrales que sus hijos las practiquen en inglés. La generación del latín y del francés también aprende inglés, ya adulta, cuando cuesta más dar el paso desde conocer el inglés leído y el de turista a hablarlo. Es lo que algunos estudiantes llaman 'soltarse'.
Inglés de Estado
En una visita a Londres, José María Aznar propuso a su audiencia de banqueros un ejercicio público de 'listening comprehension', comprender lo que se oye. Intentaría entender las preguntas en inglés antes de contestarlas en castellano. La primera pregunta fue con acento fonético escocés. Aznar se puso de nuevo los cascos de traducción y se acabó el juego. Lo estudió cuando era presidente y ahora lo habla en público.
En su primera visita como presidente, José Luis Rodriguez Zapatero salía de Downing Street con Tony Blair camino de su coche, la traductora quedó rezagada y Blair le preguntó: «¿Regresas ahora directamente?». Zapatero cabeceó transparentemente, sin dar pistas de entender nada de lo que le decía su tocayo, Bambi. Su gente de La Moncloa dice que entiende más de lo que parece y que también lo está estudiando.
Aprender un idioma es quitarse el escudo y dejarse llevar. En una academia de Piccadilly, una examinadora se llevó hacia otra sala a un compañero de asiento, un joven árabe, fornido y pulcro, como se guía a un camión para encajar una maniobra complicada. No escribió una palabra ni dijo nada en el examen preliminar para la evaluacion de su nivel.
Cuando España no pertenecía a la Comunidad Económica Europea, los aduaneros sellaban nuestro pasaporte con un visado de seis meses tras mostrar el resguardo de la matrícula en una academia. Y para pagar la vida en Londres buscábamos trabajo en la hostelería, donde se podía encontrar empleo irregular.
'No problem, sir'
Yo lo encontré en un hotel de Paddington. El gerente me contrató el primer día para ser portero, aunque no era capaz de entender siquiera el número de la llave de los clientes. En aquellos días se emitía en la BBC una serie cómica sobre un hotel, 'Fawlty Towers'. en el que Manuel era el camarero español que no entiende nada.
El huésped de la 203 llamó a mi recepción y pidió 't&w$wp'. Imaginé que quería una toalla, 'towel'. Me fui hasta su habitación con la toallita bien plegada sobre el antebrazo y la rechazó. Hacía círculos con el dedo y luego como si restregara la mano en el culo. Quería papel higiénico, 'toilet paper'.
Los jóvenes y adultos españoles que llegan ahora tienen otro nivel. Los empleados bajos de los hoteles son eslovenos o ucranianos mientras los españoles financian, con matrículas en colegios, en cursos de inglés y dibujo, de inglés y golf, o estancias en casas, un sector de la enseñanza del inglés a extranjeros que deja muchos euros en el país.
Y también hay más voces españolas en la ciudad, de los empleados en las profesiones de la capital y de la city financiera. Tienen derecho a trabajar en el Reino Unido de la UE y suelen encontrar mejor o peor empleo en función de la calidad de su conocimiento del inglés.
Pero algunos tropiezos iniciales son casi inevitables. Quien habla español no distingue, por ejemplo, entre la i larga y corta que confunden las palabras inglesas para barco (ship) y oveja (sheep). Pero reconoce mejor las palabras largas, de origen latín, que son el inglés académico y culto.
A quienes llaman estos días les damos un consejo. Para aprovechar una estancia breve de aprendizaje, hay que traer una buena base desde casa. Para a partir de ahí hacerse a las diferentes pronunciaciones y encontrar la manera propia de hablar.También hay quien quiere enviar a sus hijos sobre todo para que convivan con un grupo internacional de su misma edad. Para aprender sobre costumbres de unos y otros y se equipen mejor para soltarse.