-¿Qué dejaría de hacer por sus hijos?
-Nada; y en un momento dado, todo. Son mi motor, mi vitamina
-Mientras usted está fuera, ¿quién se encarga de su cuidado?
-Mi marido, y mi hermana.
-¿Suele tener remordimientos por estar alejada de ellos?
-Sí, pero es otra de las cosas con las que tuve que hacer frontón. He tenido que hacer un esfuerzo para no sentirme culpable y aprender que los hijos deben hacer su vida, porque yo no los abandono. Tengo una familia amplia que les sirve de apoyo.
-Su hija Aia, de doce años, también interpreta. ¿No es explotación infantil?
-Jo que sí. Yo no estaba de acuerdo, pero quise que fuera decisión de ella, y que fuera responsable. No quería que me lo echara en cara.
-¿Cuánto tiempo dedica a la interpretación?
-Pierde una mañana a la semana. Lo primero que hicimos fue llevar a toda la escuela a los estudios de ETB, para que lo vieran normal. Ahora me ha dicho que no quiere seguir.
-¿Tiene miedo de que se estropee?
-No, porque he hablado mucho con ella y lo ha mamado. Recién nacida, cuando tenía 15 días, empezamos en casa los ensayos de 'Pecata minuta', de Ramón Barea.
-¿Es buena actriz?
-Muy buena. En solo dos meses, de diciembre a enero, ha recogido un premio literario de la Academia de la Lengua Vasca, ha estrenado una obra de teatro y una película en euskera para televisión, 'Zeru horiek'. Además, es intérprete de teatro y codirige la serie más longeva de ETB, 'Goenkale'. Aizpea Goenaga es tía de Bárbara Goenaga y madre de Aia Kruse Goenaga, todas actrices.
-Hacer cine en euskera es renunciar a mayores audiencias.
-No, porque la doblaremos. La idea es hacer una docena de 'TV-movies' en los diferentes idiomas del Estado. Tuve presiones para hacerla en castellano.
-¿De quién?
-De gente. Hay algo de rebeldía en la decisión. Si la hubiera hecho en castellano, habría partido de otra realidad y la protagonista podría haber sido Aitana Sánchez Gijón
-¿Ha hablado de rebeldía?
-Estamos en un momento de demasiada comodidad y no es bueno, algo está reñido con la cultura.
-Las rebeldías encajan mal cuando se depende de las subvenciones.
-Las subvenciones no están bien planteadas. El objetivo no es hacer cosas políticamente correctas o que proporcionen más éxito, sino lo que a cada cual le apetezca o crea que debe hacer. Tampoco hay que ser gilipollas: el dinero de las subvenciones también es mío y ¿por qué no reclamar espacios para la cultura?
-¿Es usted tan positiva como parece?
-Me cuesta lo mío. Es una batalla. No nos lleva a ningún sitio ser negativos. Pero a la vez soy muy crítica.
-¿Le molesta la popularidad?
-Es gratificante, porque te puede ir a ver más gente. Yo hago teatro para que se vea. Cuando voy por la calle y noto que me miran, retiro la mirada. Me gusta ser anónima.
-Está de racha: la película, el premio de Euskaltzaindia, la dirección de 'Goenkale'
-Hace dos o tres años estuve a punto de tirar la toalla. Pensé que no podía vivir con esta precariedad, por la familia. Pero mi inversión de vida ha sido ésta y decidí seguir. Durante un año me dediqué a escribir y las cosas empezaron a encajar. En diciembre me dieron el premio, se estrenó una obra de teatro, 'Ongi ibili', y en enero presenté la película. No hice todo el trabajo a la vez, pero fue la cosecha de un par de años de trabajo y de los astros, que me dieron un empujón.
-Dicen que el éxito debe llegar antes de los 50. ¿Qué tiene usted que hacer en estos cuatro años?
-Tantas cosas El guión de una 'TV-movie' basada en una obra de Saizarbitoria, 'Bihotz bi', que además dirigiré; quiero hacer cine; me gustaría escribir una buena obra de teatro, buena con mayúsculas; quisiera interpretar un papel en televisión; que saliera un proyecto que tengo en la cabeza; tener más tiempo para escribir y seguir viendo así de majos a mis hijos.
-¿Y en esa larga lista cabe algo más?, ¿un amante?
-Eso siempre. Los amantes tendrían que ser recetados por la Seguridad Social, más a nuestra edad, porque da vidilla que alguien te diga lo maja que eres, lo que vales No hay vitamina mejor que ésa (bromea).
-¿No le vale un marido para eso?
-Ya lo tengo y me apoya en todo.
-¿También en lo del amante?
-¿Para nada! Me exige absoluta fidelidad.
-'Esos cielos' es la vuelta de una reinsertada a quien toman por traidora.
-No hay mayor traición que la que nos hacemos a nosotros mismos.
-¿Se ha traicionado?
-He sido traidora a mis pensamientos y ahora quiero ser una rebelde con causa.
-¿Quién la ha traicionado.
-Lo he sufrido, pero en mi lote genético está mirar para otro lado. Tengo la inmensa suerte de tener una familia donde puedo hacer frontón, verbalizar los sentimientos y verlos desde fuera para relativizar. En nuestro trabajo, el estado emocional es muy frágil, incluso en los momentos de mayor éxito. Suelo sentirme muy vapuleada aunque no lo aparente. Lo importante es escucharse, preguntarse lo se quiere hacer y por qué.
-La protagonista es Nagore Aranburu. ¿Se entiende bien con las actrices?
-Siento más afinidad y cercanía con ellas, pero tengo muy buenos amigos hombres.
-¿De qué color son los malos días?
-De un gris feo y pesado, son días matados, donde la luz tampoco se refleja y pesa la melancolía.
-¿De dónde salen esos días?
-De no ver el futuro o de que sea muy limitado, triste, sin flecha ni arco.
-¿Tienen que ver con una mala crítica?
-No. Sabemos que con una mala crítica la obra de teatro no funcionará igual, pero eso es el negocio. Yo hablo a nivel personal y a veces duelen las críticas. Pérez Estremera, el guionista, me decía que eligiera a cuatro personas cuyo criterio me interesara. ¿Qué sabio consejo! Por muchas críticas que me hagan, tengo por delante que he hecho un trabajo.
-Digame una frustración.
-Me gustaría ser más valiente, poder ir al mundo más abiertamente.