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Domingo, 14 de mayo de 2006
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SOCIEDAD
CON PERMISO
Culpables
Culpables
LA ARAÑA. El Guggenheim pagó 3 millones de euros por 'Mamá'.
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La culpa siempre la tiene alguien, por mucho que la culpabilidad sea siempre un misterio gaseoso y etéreo. Pero, ¿quién tiene en Francia la culpa de la rebelión de los suburbios, de la revolución de los jóvenes por el contrato del primer empleo, de la crisis de un país grande y hasta del declive de un ideal republicano que consagró la triple exigencia de la libertad, la igualdad y la fraternidad?

Pues no del todo la derecha o, por lo menos, no tanto como esa izquierda elitista, divina y cultivada, a la que en Francia se llama 'Caviar Gauche', en Inglaterra 'Champagne Left' y en Estados Unidos 'Liberales de la Quinta Avenida'. Una izquierda distinguida, sibarita y muy complacida con el poder, el Rolex o el Hublot y la corbata de Hermes, a la que ahora se acusa en Francia de haber abandonado un rol histórico en las preocupaciones sociales, de haber sido incapaz de vencer a la exclusión y al paro o de haber olvidado a los ciudadanos, ignorando su deber de garantizar la igualdad de oportunidades.

Lo dice y lo cuenta alguien tan poco sospechoso de ser de derechas como el redactor-jefe de 'Le Nouvel Observateur', Laurent Joffrin, en el libro ''Histoire de la Gauche Caviar', un ensayo convertido ya en superventas de las librerías francesas. De Voltaire a Leon Blum, de Keynes a Kennedy, de Bernard-Henry Levy a Pierre Berge -el amigo y socio de Saint Laurent- o Laurent Fabius, la izquierda del caviar criticada por Joffrin comparte los anhelos y las reivindicaciones del pueblo, pero no su penuria ni su sufrimiento.

ESCENOGRAFÍAS

Exposición de ópera

El arte escénico es mucho más que un simple arte aplicado de maquetas, pinturas murales, cortinas, tapices y escayolas. Es más que nada arte o, mejor dicho, belleza inteligente que abriga la magia de la representación o estética culta que viste el misterio de la utopía teatral. Por eso mismo Dalí pintó aquella memorable escenografía en una obra dirigida por Luis Escobar y Eduardo Arroyo sus figuraciones en las óperas de Gruber. Y es que es en la ópera, con esas colaboraciones entre Bob Wilson, Pierre Boulez, Pizzi, Chéreau, Strosser, Streheler y muchos otros, donde más se avanza en el arte escénico, en la estética innovadora de la dramaturgia teatral.

Viene todo esto a cuento de la interesante iniciativa expositiva que trata de poner en marcha el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), en colaboración con el Liceo de Barcelona, la ABAO y el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Se trataría de una muestra dedicada a diez escenografías de ópera, con una intervención virtual y tecnológica de los mismos intérpretes que protagonizaron algunas de esas obras. Sería una exposición memorable, ya que en el museo bilbaíno se mezclaría el genial antagonismo de la música, el canto, el expresionismo de la dramaturgia y el arte. Suerte a Josep Ramoneda, el impulsor de la iniciativa.



guggenheim

¿Transparencia?

La consejera de Cultura del Gobierno vasco debería tomar buena nota de lo siguiente, en relación con su reiterada negativa a informar con detalle sobre las compras de obras de arte realizadas por el Museo Guggenheim Bilbao: el Gabinete de Rodríguez Zapatero acaba de enviar a las Cortes un proyecto de ley de transparencia de las relaciones financieras entre las Administraciones y las empresas públicas, donde se regula la obligación que tienen éstas últimas de proporcionar información sobre los fondos que les aportan las instituciones, el motivo por el que reciben el dinero, su uso efectivo y el objetivo que se persigue. Esta ley, que es una consecuencia de la transposición de dos directivas comunitarias, también obliga a las empresas públicas a informar con detalle sobre los costes correspondientes a cada actividad. Obviamente, ni el Guggenheim es una empresa pública, ni tampoco un órgano de la Administración, por lo cual sobra decir que la futura ley no le será aplicable.

Sin embargo, la consejera Azkarate debería tomar buena nota de semejante ejemplo, ya que este nuevo texto legal no hace sino recoger una normativa europea que refuerza la obligación de transparencia de todas aquellas personas jurídicas que reciben y emplean fondos procedentes de los presupuestos públicos. Algo que se ignora con alevosía y reiteración en el caso de las compras del Guggenheim, con la ayuda inestimable de una consejera de Cultura que sigue olvidando el hecho de que la moderna ciencia política considera a la rendición de cuentas en los gastos públicos, la información a los ciudadanos y la transparencia como variables fundamentales para valorar la calidad democrática.



Vocento