Lorenzo Palomo tenía diez años y era alumno en una escuela de Antequera cuando tuvo una rara sensación que le impulsó a estudiar los misterios del pentagrama. El niño sentía que podía escuchar melodías, no importa dónde se encontrase, y una sensación misteriosa le obligaba a buscar un piano para reproducirla en el instrumento.
«Fue una sensación maravillosa, como ir de viaje al país de las mil maravillas», dice el compositor al recordar el momento en que supo que su vida estaría ligada para siempre a la música. «La música está en el cosmos y flota en el aire. El compositor tiene la facultad de oírla. Cuando la escuchas y logras llevarla a la partitura, puede ser perfecta», añade durante una entrevista con EL CORREO, ante el estreno mundial de 'Dulcinea' mañana en Berlín.
El primer español
De tanto escuchar la música que flota en el cosmos y de ser fiel a un método de trabajo riguroso y pausado, Lorenzo Palomo se ha convertido en un músico famoso, pero también en el primer compositor español que logra estrenar una obra en la Deutsche Oper. «Es cierto. Es la primera vez que se abre para un compositor español», corrobora Palomo, que vive en la capital alemana desde 1981 y desde ese mismo año es miembro estable de la Deutsche Oper, donde fue invitado a colaborar por el director Jesús Lopez Cobo.
El compositor español anuncia la puesta en escena de lo que califica como «una cantata-fantasía para un caballero enamorado». «Todos sabemos que esta mujer no existe, pero en la cantata hacemos que Dulcinea abandone el mundo de los sueños de don Quijote y se se convierta en realidad», explica.
Todo parte de un amago de encargo del alcalde de Ciudad Real, que en 2004 le había dicho que quería celebrar el nuevo centenario de 'El Quijote' con una obra musical. El proyecto nunca se llevó a cabo -«era muy ambicioso»-, pero la casualidad quiso que la idea llegara a oídos de la Deutsche Oper, que aceptó el desafío. «Se han comportado de forma ejemplar», constata el compositor.
Después de estudiar los orígenes de la música manchega, Palomo comenzó a escribir su cantata, una obra con música alegre y basada en las famosas seguidillas, y logró la colaboración del poeta Carlos Murciano para que escribiera el libreto. «Escribió un texto maravilloso con lenguaje cervantino», explica Palomo, para quien «es difícil encontrar poetas que se adapten al idioma de la música».
Hace dos meses, el compositor concluyó su trabajo y se enfrentó a un nuevo desafío: buscar a los intérpretes. «Yo escogí a todo el reparto y siempre pensé en Ainhoa Arteta para el papel de Dulcinea. Ella es una gran soprano, es guapísima y ha cantado en todo el mundo», comenta Palomo, feliz y también preocupado ante el inminente estreno mundial en el Konzerthaus de la capital alemana.
Cuando llegó a Berlín, hace ya 25 años, descubrió en la sexta planta de la Ópera una habitación que a lo largo de su estancia se ha transformado en un santuario. «Todo lo que he compuesto en los últimos 24 años, lo he hecho desde esa habitación», dice el creador. «Desde allí puedo ver el cielo y de esa forma conectarme con España».