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Domingo, 14 de mayo de 2006
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SOCIEDAD
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Cuba fue un remanso de paz dentro de la órbita soviética
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Dentro de la órbita soviética, la isla caribeña fue un remanso de relativa paz. Cuba es el único país de corte comunista que jamás ha interferido en la elección de los obispos, aunque tampoco se haya ahorrado medidas discriminatorias contra los creyentes: hasta 1991, tuvieron prohibido afiliarse al Partido y tampoco podían acceder a las carreras de Pedagogía, Psicología, Ciencias Políticas o a cualquier licenciatura vinculada con la educación. El régimen velaba a toda costa por la ortodoxia ideológica. «No olvidemos que la Iglesia fue contrarrevolucionaria», le recordaba Fidel Castro -ex estudiante de los jesuitas- a Alfonso Comín, figura clave del socialismo catalán y católico de gran sensibilidad, que visitó la isla en 1978.

Ese encuentro y un sinfín de conversaciones con personalidades de la talla de Carlos Manuel de Céspedes -secretario de la Conferencia Episcopal Cubana- le dio material de sobra a Alfonso Comín para escribir 'Cuba, entre el silencio y la utopía'. Su apoyo a la Revolución no le impedía denunciar en este libro la opresión que sufrían los creyentes, además de señalar las paradojas de un sistema que dejaba a un lado el discurso oficial cuando se trataba de adjudicar cargos a profesionales competentes. Así se entiende que el director de uno de los hospitales psiquiátricos más prestigiosos de Cuba fuera católico y, al mismo tiempo, miembro del Partido.

Los países comunistas europeos y asiáticos no abandonaron, por el contrario, el piñón fijo: nunca dejaron de promover el maridaje entre clero y Gobierno por desconfianza hacia una autoridad -el Vaticano- hostil por definición a su régimen político.



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