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Domingo, 14 de mayo de 2006
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Del bar a la sala de conciertos
Del bar a la sala  de conciertos
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La vida de David Helfgott oscila entre el drama y la fortuna. El drama es muy conocido: una grave enfermedad mental de la que pudo no haber salido. La fortuna tiene sobre todo nombre de mujer: primero fue una escritora de avanzada edad, Katarina Prichard. La conoció cuando era un jovencísimo pianista, uno más de los niños prodigio que con frecuencia no pasan de ahí. Ella fue quien le animó a viajar al extranjero para mejorar su formación.

La fortuna cambió luego de nombre: cuando Helfgott, que acababa de ser dado de alta de su grave trastorno esquizoafectivo (una variante de la esquizofrenia), rotos todos los lazos familiares, se ganaba la vida tocando el piano en un bar, apareció Gillian, una divorciada mayor que él, que se convirtió en su hada madrina. Gillian fue el bálsamo que serenó su espíritu y la persona que consiguió que el pianista que divertía a los clientes del bar tocara muy pronto en salas de conciertos.

Luego llegó la película y la fama mundial. Scott Hicks, director y guionista del filme, habló con el pianista, su esposa y sus amigos. El guión es, según los especialistas, algo exagerado en algunos aspectos, pero su efectismo y la magnífica interpretación de Geoffrey Rush -que le valió el Oscar de Hollywood- fueron determinantes del éxito del filme y el relanzamiento de la carrera de Helfgott.

Además, desde la película, el nombre del pianista se asocia de manera indisoluble a Rachmaninov y más concretamente al concierto Nº 3, que es el que está tocando en el momento del colapso. Una licencia del guionista, porque no fue así. Pero, licencias aparte, lo cierto es que desde entonces las apariciones de Helfgott con ese concierto se cuentan por éxitos descomunales, y el disco que grabó con esa obra se colocó entre los superventas durante varios meses.

Pianista diferente a cualquier otro, Helfgott ha recibido numerosos premios en la última década. Además, fue galardonado con el Peace Award, que le entregó un alto representante de las Naciones Unidas al finalizar un recital en el Carnegie Hall. Mahler no escribió ningún concierto para piano, pero el título que dio a su sinfonía Nº 2 viene a Helfgott como anillo al dedo: Resurrección.



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