La importancia de los tres búnkeres destruidos por las excavadoras en Larrabasterra radicaba en su «excelente» conservación. «Era una zona inaccesible, con mucha pendiente y gran cantidad de arbustos, argomas y otras plantas espinosas, por lo que las estructuras estaban en perfecto estado», explica el vecino de Sopelana Andrés Gómez. «Durante décadas no habrán penetrado en su interior más de cien curiosos», añade el lugareño.
Con todo, las máquinas acabaron engullendo el conjunto en el transcurso de las obras del corredor de Uribe Costa, que lleva a cabo la Diputación. «Nadie mostró interés alguno por estas estructuras durante la fase de exposición pública del proyecto», apuntó un portavoz foral, quien añadió que «todo se ha realizado de acuerdo con la ley».
Respecto a la conservación de los restos del Cinturón de Hierro que aún quedan en la provincia, fuentes oficiales han revelado a este periódico que el Gobierno vasco tiene previsto poner en marcha una investigación sobre estos vestigios. El objetivo es estudiar su posible protección, aunque todo está en fase preliminar. En este contexto, los historiadores piden «una mayor celeridad e implicación institucional» para evitar «nuevos atentados».
Para Jesús Monasterio, experto en la Guerra Civil, la importancia de mantener estos restos es capital. «La Historia se puede leer y enseñar a través de fotografías y libros, pero en estos búnkeres se puede tocar y paladear lo que sucedió», afirma. «Su poder de evocación es grandísimo», añade el estudioso, al tiempo que pone el ejemplo de otros países europeos, como Francia o Bélgica, donde las ruinas bélicas constituyen un gran atractivo turístico, lugar de peregrinación y orgullo nacional. «En Euskadi y en el resto de España hay también un patrimonio valiosísimo, pero nadie lo ha sabido explotar con originalidad e imaginación», concluye.