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Domingo, 14 de mayo de 2006
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VIZCAYA
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Un valioso intercambio
El Día Internacional del Comercio Justo convirtió ayer El Arenal bilbaíno en un escaparate de productos elaborados en Sudamérica
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CALIDAD. Visitantes observan la variedad de productos expuestos. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
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Miles de pueblos del Sur han visto sus sueños hechos realidad gracias a la ayuda de distintas organizaciones de cooperación. No se trata de deseos inalcanzables, sino de derechos. Tener agua potable, una casa digna y ver nacer a sus hijos en unas condiciones sanitarias mínimas son las aspiraciones de millones de personas que viven al otro lado del charco. Con motivo del Día Internacional del Comercio Justo, El Arenal de Bilbao se convirtió ayer en un espacio solidario en el que cualquiera podía aportar su granito de arena.

Bajo el lema 'Tu consumo responsable apoya a los países empobrecidos', Ayuda en Acción, Emaús, Kindenda, Solidaridad Internacional, Mercadeco y Setem, en colaboración con la BBK, organizaron una jornada en la que a las actividades infantiles se unieron la degustación y venta de productos de comercio justo. El objetivo: «mostrar las injustas relaciones comerciales norte-sur y reflexionar sobre la capacidad para contribuir a corregir las desigualdades». A la variedad se unía la calidad. Desde chocolate y café hasta ron cubano, monederos y pulseras. Los precios pocas veces superaban los cuatro euros. «Hemos comprado de todo. Cacao en polvo, piña colada... Están buenísimos y, además, sabes que estás colaborando», comentaban Milagros Ciarrusta y Pilar Díez mientras buscaban mermelada de arándanos.

'Ponchitos'

El producto estrella, no obstante, fue el 'ponchito', o lo que aquí se conoce como 'huevo kinder'. Fabricado en Perú y Bolivia, se convirtió en un imán para los niños que buscaban con ansia la sorpresa que alberga en su interior. En este caso, y fieles a la tradición, los 'ponchitos' escondían los famosos muñequitos quitapenas.

Los más pequeños también ocuparon un lugar protagonista en las reivindicaciones. Con este acto se apoyó, asimismo, la campaña europea 'Defiende sus derechos', que actúa en contra de la explotación infantil. «Cualquier práctica de este tipo es injusta, pero más aún si se trata de un niño, que lo único que debería hacer es jugar», criticó Montse Mené, natural de Guinea Ecuatorial. «Deberíamos erradicar la explotación en todo el mundo. Los beneficiados son siempre los mismos y los niños se mueren de hambre», expresó José Antonio Rodríguez, que se acercó a los expositores acompañado de la benjamina de la casa, Estela, de 7 años. «Mira cómo se entretiene mi hija con el globo. Las cosas deberían ser así», defendió.



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