Con extraordinario mimo, una decena de operarios mueven una caja a las puertas de Megapark. Nadie sabe de qué se trata. «Debe de ser algo importante», especulan los curiosos. Entre ropa, muebles y electrónica, el parque comercial baracaldés ofrece infinidad de productos. Y puede ser cualquier cosa. Pero el baúl, fabricado en madera, lleva un su interior un 'tesoro': la pantalla de cine más grande de Euskadi. En cuestión de días, esa delicada tela pintada de metal será la atracción del primer cine vasco que emitirá películas en tres dimensiones.
Este inmenso monitor requiere un complejo proceso de instalación. Para colocar en una pared 300 metros cuadrados de pantalla, cada movimiento debe estar milimetrado. Hasta el transporte en barco desde el puerto canadiense de Quebec. «Es ahí donde la pintan con un mecanismo dirigido por computadora», revela Carlos Ozols, experto de la compañía Imax. «Utilizan tecnología punta. Esta pantalla es, ahora mismo, la mejor de España», proclama su compañero Marco Markovich.
Temperatura ideal
Una vez fabricada, la tela se enrosca cubierta de un plástico que la proteja en su periplo hacia Barakaldo. A la ciudad vizcaína, el material llegó procedente del Puerto de Bilbao. En un transporte especial, fue conducido al futuro complejo Yelmo Cineplex. Tras subirla con una grúa, la caja se depositó en la sala. No es una tarea sencilla. «Se ha tenido que hacer un agujero en la pared del edificio porque no podíamos meterla por la puerta», detalla Luis Miguel Garrido, jefe de proyectos de la promotora.
Para sacar la pantalla de la caja, hay que esperar. Antes, el cine deberá cumplir una serie de condiciones térmicas. No puede haber polvo ni elementos que puedan manchar el dispositivo. Y la temperatura y humedad han de bajar de 20 grados. «Es lo ideal. Sin esas premisas, el plástico que cubre la tela se queda pegado en lugar de caerse solo», explica Markovich. Si no se despega, hay soluciones de urgencia. «Activaremos el aire acondicionado», anuncia Ozols.
El tejido tendrá que permanecer extendido para facilitar su colocación. Por eso, las 359 butacas de la sala Imax -envueltas en plástico- permanecerán cubiertas por la pantalla durante horas. «Es el paso más espectacular e importante del proceso de instalación. Ha de hacerse con muchísima precaución», subrayan los técnicos encargados de la delicada maniobra. Serán necesarias entre veinte y treinta personas.
Luego, unas grandes poleas colgarán el dispositivo metálico de la pared habilitada frente al patio de butacas. La pantalla se tensa y se prueba. Si el procedimiento ha transcurrido con normalidad, no tiene que aparecer ninguna anomalía. A finales de mes, todo quedará listo para ver una película. ¿Acción!